La censura tiene diversas características, siendo la más conocida frenar la divulgación de cualquier narrativa que vaya en contra de los intereses de quien ejerce el poder. Entre las consecuencias la más común lo es la anticensura que se imponen las personas para no violar un pacto que se sostiene bajo el miedo a repercusiones que violentan los parámetros de cualquier normativa tradicional.

Larra definía a la censura de forma escueta pues es un orden de comportamiento donde “lo que está permitido es alabar”. Evidentemente muy pocos gobiernos de la actualidad podrían definirse bajo estos términos tan autocráticos. Lo mismo no puede decirse de los grandes monopolios globales que comercializan productos y servicios a las masas. Sobre todo aquellos que cuentan con plataformas desde las que alegan imponer una nueva relación con el individuo que no ha sido definida por la legislación local y por lo tanto se requerirá una revisión del código legal vigente para integrarlos al resto de la economía.

Curiosamente, son las palabras de Larra las que muestran mayor precisión al momento de describir el mundo digitalizado del presente  al señalar: “lo que está permitido es alabar”. Se deben alabar las mismas plataformas tecnológicas, las mismas empresas y las mismas narrativas. Cualquier desliz y el castigo se ha transformado y es demasiado alto: un ostracismo digital del que pocos salen bien librados.

La consecuencia inmediata es la adopción sin protesta de la autocensura con el agravante de una ageografía que permite controlar el comportamiento de la víctima en todas partes y todo momento. Así queda grabado para la posteridad cualquier comentario juzgado como no favorable para la entidad nombrada. La situación se ve más compleja si aceptamos el precepto de que nos acercamos a un mayor número de narrativas globales que tienden a olvidar al más pobre, al que precisa soluciones locales pues el libre mercado por obra y gracia del espíritu de Adam Smith logrará solventar la asimetría de riquezas existentes en la mayoría de los países del Sur. Narrativas que presentan modelos de negocio relacionados a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) como oportunidades de acelerar el salto hacia la clase media para un gran porcentaje de la población,

Precisamente en muchos de estos modelos, es que la autocensura se hace presente para ocultar las tasas de deserción de los trabajadores de la economía colaborativa. Las promesas de un Uber, por dar un ejemplo, no sólo no se han cumplido sino que han rayado tanto en la falsedad que el gobierno de los Estados Unidos ha multado a una empresa que denomina a sus conductores como simples usuarios de una aplicación, colocándolos al mismo nivel que el pasajero que solicita un auto; no se ofrecen servicios de transporte sino de colaboración.

En otras palabras, según Uber, solicitar y pagar un servicio de transporte por medio de una aplicación móvil y que el servicio sea ofrecido por un autobús, un barco o un avión es distinto a solicitar sus servicios por Uber.

Obviamente, las razones para la aparición tanto de Uber como de otras empresas de la economía colaborativa como Airbnb son obvias: mal servicio de empresas establecidas, sobrecostos y mala atención al cliente, entre otras. Sin embargo, esto no implica que estas empresas estén por encima de la ley, sobre todo en el trato a sus trabajadores aunque no los quieran denominar como tales y unilateralmente les modifiquen la relación.

La autocensura también se hace presente en el sector de telecomunicaciones. Entre los temas que parecen tabú se encuentran los servicios de televisión de paga, éstos eventualmente seguirán el camino de la larga distancia y los mensajes de texto. Más temprano que tarde los ingresos por usuario de este segmento colapsaran forzando a los proveedores del servicio a evolucionar su portafolio de servicios.

*José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC.

JoséF. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.