Sorprendentemente, el pecado original o el error fundamental en el controvertido episodio del Brexit no es de naturaleza económica sino legal o, para ser más precisos, constitucional. Ninguna Constitución de país alguno debería abrir la posibilidad de que un asunto de tanta complejidad técnica, como la integración económica del país a un bloque continental, pueda decidirse mediante un referéndum. Para conciliar un proceso semejante con los procedimientos democráticos debería diseñarse otro procedimiento legal distinto. Por ejemplo, la convocatoria de expertos con credenciales técnicas indiscutibles de la que emane un dictamen que sirva de base para un voto parlamentario muy informado.

Incluso para un economista profesional no es sencillo explicar las ventajas y posibles desventajas de la integración económica de un país a un bloque económico continental. Por esa razón es que resultó tan oportuna la carta pública de 10 economistas galardonados con el Nobel apoyando la permanencia de la Gran Bretaña en la UE y previendo los daños que causaría su separación. Indicaron en la misiva que publicó el periódico The Guardian que el Reino Unido se encontraba económicamente mejor dentro de la UE y que su separación sería muy dañina.

En el orden comercial, el proteccionismo o sea, el aislamiento del exterior da lugar a que los consumidores locales paguen precios más altos, los satisfactores sean de menor calidad y se les ofrezcan en menor variedad. En el orden productivo, el aislamiento da lugar a una asignación menos favorable de los factores de la producción, con niveles de ingreso más reducidos y salarios más bajos por la insuficiente productividad. En el orden financiero, ya varios expertos explicaron que la salida del Reino Unido de la UE sería un golpe mortal para el importante papel de centro financiero mundial que cumple Londres.

Si los anteriores argumentos son válidos para cualquier economía nacional, más lo son para los antiguos países europeos que resultan demasiado pequeños individualmente para poder beneficiarse de las ventajas productivas que ofrecen las economías de escala y la libre movilidad de los factores de producción capital y trabajo a través de las fronteras nacionales. Estas cuestiones no son fáciles de explicar y qué bueno que los 10 premios Nobel enviaron su carta pública.

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