Hay suficientes razones para ser pesimistas sobre ?el desempeño de los diputados y los senadores que ?ahora llegan.

La urgencia de que en este país se llevaran a cabo reformas estructurales que permitieran una mayor actividad económica fue tan ignorada que se convirtió, simplemente, en un lugar común el repetirlo.

Los grupos opositores al cambio, básicamente identificados con la izquierda a la mexicana, no impulsaron los cambios pero sí han contado con un ejército de opiniones que han querido contrarrestar la idea de que estos cambios son necesarios.

Son los que dicen que con honestidad y austeridad en este país se pueden ahorrar 300,000 millones de pesos del presupuesto que alcanzarían, aseguran, para todo lo que nos hace falta.

La realidad es que la transparencia y la rendición de cuentas no anulan la necesidad de hacer otros cambios, aunque es un hecho que se trata de una base indispensable, además de aspectos incipientes en la democracia mexicana.

Parece ser un hecho que las primeras reformas que pasarán por el Congreso al inicio de la LXII Legislatura tendrán que ver, precisamente, con aspectos del ejercicio de los recursos públicos y la transparencia del ejercicio del poder en los diferentes poderes y niveles de gobierno. Ojalá.

Hay suficientes razones para ser pesimistas sobre el desempeño de los diputados y los senadores que ahora llegan. Primero, porque son básicamente la mezcla de los mismos políticos reciclados entre una cámara y la otra.

Casos como el de Pablo Gómez del PRD, que se ha dedicado a brincar de una cámara a la otra durante décadas, sin cambiar el guión de ser el malhumorado opositor a todo lo que suene a PRI y PAN. Y no cambiará nada.

La Legislatura que termina dentro de una quincena deja números patéticos, no sólo por los millones y millones de pesos que se reparten en su retirada legisladores y asesores, sino sobre todo en la falta de acción en su trabajo.

Durante la LXI Legislatura se presentaron 3,376 iniciativas de todo tipo. Desde la reforma laboral, hasta modificaciones menores en asuntos menos trascendentes. Y de este total de propuestas, sólo se aprobaron 173.

Si dividimos resultado entre lo que cobran, tenemos un Congreso caro. Pero si vemos lo que implica para el país frenar cambios tan importantes como la ley contra el lavado de dinero, por ejemplo, lo que tenemos es una parálisis legislativa intolerable.

Pero ¿quién les pide cuentas a los diputados y a los senadores? La realidad es que los únicos que les piden resultados son los partidos políticos, para ver si los incluyen o no en la siguiente lista de candidatos. Por lo tanto, sus resultados van enfocados a complacer a los que reparten el juego político.

Otra vez, los empresarios quieren creer en sus representantes populares. Al menos esa impresión quieren dar con el lanzamiento de su enésima agenda de cambios estructurales. En esta ocasión, pueden encontrar en la dupla PAN-PRI la oportunidad de que se logre una de esas tan prometidas reformas estructurales.

El Consejo Coordinador Empresarial y otros organismos desempolvan la vieja petición de reformas laboral, fiscal, energética, educativa, política y demás. Las mismas peticiones convertidas en letanía sexenal.

Todo dependerá de cómo se lidie con la hoguera de las vanidades. Porque los panistas definitivamente no querrán ser vistos como comparsas del partido en el poder. Querrán ser los que propongan las reformas.

El PRI, ya lo dijo el futuro coordinador de esa bancada en San Lázaro, no está aquí para que lo gobiernen, sino para gobernar. Esto es un recordatorio de que si los panistas se dejaron mangonear por los tricolores durante dos sexenios, ésa fue culpa de los blanquiazules.

Un serio problema de agenda que se enfrentará durante este primer año de gobierno será, una vez más, la insistencia de algunos grupos políticos de querer hacer cambios a la ley electoral, tal como sucedió durante el primer año de la administración que ahora termina.

El resultado fue una mediocre ley electoral que consumió el valioso tiempo de los cambios posibles de ese primer año de gobierno.

Total que otra vez hay quien confía en el poder de decisión de diputados y senadores para hacer lo correcto en este país.

Pero a la luz de los pobres resultados entregados hasta ahora por estos políticos, la verdad es que es lo más sensato es tener la duda sobre la posibilidad de algún trabajo al menos digno del Congreso.

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