Es suficiente con hacer la vida cotidiana y leer los periódicos para darse cuenta lo que el —todavía cuando se escriben estas líneas— presidente electo ha agitado la vida económica y social más en los meses de la transición que en la toma de posesión, como diría Enrique Krauze en Por una democracia sin adjetivos, ha sido un sexenio de 100 días. La Bolsa ha bajado cerca de 20% y el peso se ha devaluado cerca de 2 pesos y unas cuantas décimas en este corto periodo; Banxico ha debido subir las tasas de interés —se estima que realice otra en diciembre— y el bono soberano ha subido varias décimas, haciendo más cara la contratación de deuda federal.

Las causas han sido muchas y no pretendemos hacer el recuento de las mismas, que ya han quedado documentadas en la “comentocracia” de estas últimas semanas, sin pretender ser peyorativos con este adjetivo, un servidor también se considera a sí mismo un comentador.

Lo que sí pretendemos en esta ocasión es vaticinar cuándo venga la vaticinada calma que esperamos con ansia. Un economista dijo que podría venir el día de la toma de mañana 1 de diciembre con el tono del discurso de AMLO, ya bajo la investidura presidencial, si hace un discurso mesurado y conciliador. Permítasenos disentir de esta postura.

Estimamos que la primera gran prueba de fuego del nuevo presidente —a pesar de las batallas campales y judiciales que se armarán con las disminuciones de salarios previstos en la aprobada ley de austeridad— será el próximo presupuesto de Egresos. El documento de egresos, acompañado de la ley de ingresos, son sin duda alguna, una de las muestras de los proyectos de los presidentes, en este caso quizá la más importante, junto a los “símbolos” de la figura de gobernar que diría el ahora tan extrañado don Daniel Cosío Villegas.

En este caso además, el presupuesto de egresos es la gran prueba que tendrá que pasar el gabinete del secretario de Hacienda y que será analizada con lupa por inversionistas, economistas y calificadoras internacionales. ¿Por qué en esta ocasión es tan significativo? A su importancia trascendente para las finanzas de la nación y la política económica —maneja cerca de 20% del PIB total de la economía— esta vez los mercados van a examinar si las tan repetidas propuestas de campaña de un presupuesto sin déficit, contratación de deuda y sin contratar inflación son realidad o no. Van a verse sometidos a la prueba de fuego de la prudencia en su diseño por el equipo técnico de López Obrador. Es éste, a nuestro juicio, la gran primera prueba que deberán superar los “tecnócratas” de AMLO, del cual dependerá que en el corto plazo se recuperen la calma en las bolsas, tipo de cambio, tasa de interés y perspectivas para los inversionistas. Y quizá por la razón adicional del deseo del nuevo presidente de comenzar con ambiciosos proyectos sociales y de infraestructura y unas finanzas recibidas estimamos no “en quiebra” pero que fueron objeto de abuso en la contratación de deuda pública inútil por parte de uno de los peores presidentes de la historia reciente, que le impiden mucho margen de maniobra al nuevo gobierno (más de 15% de puntos del PIB adicionales contratados en deuda pública para ser usados en gasto corriente). Es verdad que hay otras variables económicas recibidas con cierta sanidad, como los más de 170,000 millones de dólares en reservas internacionales de Banco de México, más una posible línea de crédito de emergencia por otros 75,000 aproximadamente.

Esperamos que el referido presupuesto cumpla con las condiciones enumeradas —cero déficit, sin contratación de deuda, sin utilizar reservas internacionales, sin inflación y financiables en su mayoría con impuestos. Si el gobierno de AMLO logra esto podrá borrarse la eternidad que supuso para muchos la tersa transición y permitir que el próximo presidente empiece con el pie derecho para lograr una permanente mejora en la situación de los mexicanos que todos esperamos— que los mexicanos se merecen y exigen. Ojalá así sea.

*Máster y Doctor en Derecho de la competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife& Caballero.