Una calentura recorre el país: las candidaturas independientes. No hay mesa ni sobremesa donde no aparezca como tema de conversación la posibilidad de una candidatura independiente a la Presidencia de la República. Las experiencias en las elecciones de junio pasado demostraron que desde un distrito o un municipio, hasta una gubernatura, se pueden ganar fuera de los partidos. La pregunta recurrente es si este esquema da para conquistar la Presidencia o si sólo servirá para dispersar el voto y facilitar el triunfo a otro candidato. La pregunta no es ociosa, y lleva a la siguiente, que es: ¿qué requiere un candidato independiente para ser competitivo? Hay al menos tres condiciones necesarias para que una candidatura independiente tenga posibilidades.

La primera y más obvia es que sea un solo candidato, porque al paso que vamos es probable que en la boleta para presidente existan más nombres que en la de diputados plurinominales. Evidentemente habrá un proceso de depuración de candidatos, pero si la hipotética candidatura independiente no se da en torno a un gran proyecto nacional, que logre articular a todos esos grupos y candidatos que quieren buscar salidas fuera de los partidos, la presencia de los independientes sólo servirá para dispersar el voto y hacer más barato el triunfo a otro partido, pues con más de cuatro candidatos, el próximo presidente de la República podría ser electo con menos de 30% de la votación. Salvo que, en arranque de responsabilidad, los partidos se planteen una reforma electoral que contemple la segunda vuelta, lo más seguro es que tendremos un presidente electo por unos pocos y detestado por muchos.

El segundo elemento es que no se trate sólo de una candidatura independiente a la Presidencia de la República, sino de un cúmulo de candidaturas independientes que compitan en los distritos, en los municipios, las gubernaturas (donde toque) y en el Senado. Un candidato solitario puede hacer ruido, pero no podrá tener la estructura necesaria para competir. Si no se articula en una especie de gran movimiento nacional en torno al candidato independiente, las posibilidades de éxito se reducen sustancialmente.

El tercer elemento es el crecimiento de la conectividad. Las candidaturas independientes pasan por las redes, no por los medios tradicionales, y los casos de éxito han sido todos en zonas urbanas: Monterrey (que concentra 85% de la población de Nuevo León), Guadalajara, Morelia, Culiacán. Si bien es cierto que dos que cada tres mexicanos viven en zonas urbanas, sólo la mitad tiene acceso a Internet. Este número puede aumentar exponencialmente en los próximos años, pero con los datos actuales, ése es el reto más complicado para un hipotético candidato independiente.

La coyuntura parece inmejorable para derrotar la partidocracia y construir un sistema de partidos más sano, pero el reto es mucho más complejo de lo que parece. La realidad es, a fin de cuentas, la mejor medicina contras las calenturas.

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