Los más jóvenes colaboradores con los que trabajo están pensando en la posibilidad de comprarse un coche y están enojados por el hoy no circula. La generación de los recién casados quiere comprarse un departamento, quieren dejar de rentar o salirse de casa de sus familiares. Los que tienen hijos se preocupan por las escuelas y sus planes a futuro se concentran en su educación superior.

Son más bien los que pasan de 40 los que piensan en su vida tras la jubilación. Si pertenecen a la economía formal y trabajan para alguna empresa privada, alguien les explica que para cuando ellos se jubilen, tendrán la opción de retirarse con el esquema anterior que les garantiza una cantidad determinada por su salario y dejan de preocuparse.

Tomando el ejemplo anterior, será la generación de los que hoy se preocupan por las colegiaturas de sus hijos pequeños los que tendrán que jubilarse con la única alternativa de su cuenta individual.

A la gran mayoría de esa generación y las posteriores no les va alcanzar para un retiro digno con la cantidad que habrán de reunir tras tres décadas de trabajo. Para que hoy tuvieran lo suficiente, deberían estar ahorrando de manera voluntaria. De esos hay muy pocos.

El Banco Interamericano de Desarrollo llama la atención de esta situación de la que ya hemos advertido durante mucho tiempo. Le llaman la bomba social y fiscal a la crisis que viene cuando los jubilados tengan migajas para su retiro y cuando la carga de recursos públicos para hacer frente a los que sobrevivan del sistema de reparto sea muy alta, quizá impagable.

Es uno de esos llamados urgentes, estridentes, que sin embargo son totalmente ignorados por los que toman decisiones en el país. Tienen incentivos en el gobierno federal y en el Congreso para dejar pasar y dejar hacer.

El ejemplo de lo que pasa con Pemex es el mejor. Resulta que hoy la petrolera está en crisis y toda la carga le corresponde al gobierno de Peña Nieto. Pero si esta empresa llegó a este nivel es responsabilidad de todos los gobiernos anteriores que patearon el bote de la crisis que ya se veía venir desde hace décadas. Pero hoy nadie le reclama a los gobierno priistas y panistas que incubaron esta crisis.

Así llegará el sexenio 2024-2030, o el que sigue del 2030-2036, y será entonces cuando la bomba estalle. Por eso que, a los que hoy gobiernan y legislan, se les escurre.

Las campañas para fomentar el ahorro voluntario han sido un rotundo fracaso en un país donde es una realidad que los ingresos son bajos y no hay una cultura de planeación de largo plazo.

Por eso, lo que se tiene que hacer es desde ahora incrementar de manera obligatoria el ahorro, tanto individual como del Estado, para poder hacer frente a los compromisos que llegarán dentro de dos décadas.

Tiene que darse un traspaso completo al sistema de cuentas individuales, pero eso implica un costo fiscal elevado para prorratear los beneficios adquiridos antes de 1997.

Y para los que llevan hoy de 10 a 18 años cotizando, ya es urgente aumentar su aportación para el retiro, porque será la primera generación de retiro con cuenta individual y seguro que no les va a alcanzar.