Los mariachis callaron. La megafiesta programada por el alto mando priísta para festejar el inicio del camino de regreso a Los Pinos tuvo que ser abruptamente cancelada, la noche del pasado domingo 16, en Mérida.

A la capital yucateca habían llegado los candidatos del tricolor a las gubernaturas de Hidalgo, Francisco Olvera, y de Quintana Roo, Roberto Borge. También, los abanderados a las alcaldías de las capitales de Aguascalientes, Lorena Martínez, y de Oaxaca, Beatriz Rodríguez. La cita era a las 9 de la noche, para participar en un gallo (caravana de automóviles) y después, en un mitin, donde la estrella sería la vencedora de los comicios por el gobierno municipal, Angélica Araujo.

Pero los invitados especiales y la gente contratada para asistir a la manifestación debieron quedarse encerrados. A esas horas, el alto mando priísta sabía que el carro completo con el que se habían presentado a la primera cita electoral estaba a punto de desbarrancarse. ¿Qué pasó? Que la información con la que los priístas definieron su estrategia era, por decir lo menos, defectuosa.

A las 4 de la tarde, el ánimo en el cuartel de campaña era de un desbordado triunfalismo. La presidenta nacional del PRI, Beatriz Paredes Rangel, había conocido el reporte del Gabinete de Comunicación Estratégica que otorgaba a la planilla tricolor una ventaja de 14 puntos sobre la panista, encabezada por la senadora Beatriz Zavala Peniche.

Con mucha frecuencia, los políticos toman decisiones sin tener los conocimientos suficientes. Y este fue el caso: leyeron literalmente los reportes del despacho de Liébano Sáenz y Federico Berruelo (con una escasa experiencia en el levantamiento de encuestas de salida), que podía leerse como una ventaja irreversible o a la inversa, de que la elección se había cerrado.

Ni Sáenz ni Berrueto estaban en Mérida. Se encontraban en la ciudad de México preparando la información que presentarían en el noticiario nocturno de MilenioTV. Y de alguna forma, la información que proporcionaron allí puede haber sido útil, pues atinaron al ganador.

Hay quienes creen que cuando transcurre una elección abierta , basta con identificar al ganador. Igual y esto funciona para un medio, aunque también debe esperarse que la información difundida sea certera, más que precisa.

En Mérida, sin embargo, la dirigencia partidista, basada en una estimación que carece de solidez metodológica, presumió un triunfo holgado y cayó en un laberinto que amenaza la gobernabilidad de Yucatán.

Poco después de que Paredes cantara el triunfo irreversible del PRI en Mérida, el secretario general del partido, Jesús Murillo Karam, otra vez con las cifras de la encuesta de salida de GCE, anunció que sus candidatos habían ganado las siete diputaciones de la capital. El PREP puso a cada quien en su sitio y el PRI tendrá que aceptar su derrota en dos distritos.

A las 10 de la noche, el alto mando priísta estaba al borde de una crisis, pues el PREP –que ya llevaba tres horas al aire – daba una ligera ventaja al PAN.

Claro, no es lo mismo creer que habrá una victoria por más de 15 puntos que estar virtualmente empatados.

Los mariachis callaron en Mérida. Literalmente, el gozo se fue al pozo y la dirigencia priísta reclama a quienes considera responsables de sus yerros.

Beatriz Paredes se cura en salud y apela a la mesura. A efecto de que no haya desinformación ni desorientación en la ciudadanía, promete, el PRI demostrará que recuperó Mérida con las actas de las casillas.

No acostumbramos ni manipular cifras ni inventar resultados , postula. Pero entonces, ¿para qué se presentan a una conferencia de prensa con datos de una encuesta de salida imprecisa y tendenciosa? ¿Para qué presumir que tienen en la nómina al encuestador más preciso y experimentado?

EFECTOS SECUNDARIOS

REGIOS BALINES. El tsurugate de Zacatecas no se acaba. Ya se sabe que Eugenio Garza Rivapalacio, el presunto propietario de las unidades que aseguró la Procuraduría de Justicia estatal, es dirigente del PRI en San Pedro Garza García, y que su papá es socio del despacho de Rodrigo Medina

padre del Gobernador de Nuevo León. Por cierto, los enviados del Mandatario neoleonés en las elecciones locales se están multiplicando. En Yucatán, como delegado especial del CEN del PRI fungió Felipe Enríquez. Y en Zacatecas lo es Rogelio Cerda, exsecretario de Gobierno de Natividad González Parás.

ABANDONOS. Por andar amarrando coaliciones con el PRD, el presidente nacional del PAN, César Nava, desatendió la elección en Yucatán. En el pecado lleva la penitencia y podría pasar otro trago amargo en Aguascalientes, donde acaban de descubrir que la campaña que necesita ser rescatada es la de su abanderado en la capital hidrocálida, Fernando Herrera Ávila, quien tiene una desventaja de casi dos a uno, respecto de su rival, la priísta Lorena Martínez Rodríguez. El escenario es el peor, según los estrategas al servicio del PAN nacional, pues en la capital de Aguascalientes se concentra a 70% del padrón electoral de la entidad y Herrera se ha convertido en un lastre para el candidato a la gubernatura, Martín Orozco.