La distorsión entre lo que ocurre en la economía real ?y los mercados accionarios ha sido creada por la ola de liquidez sin precedentes creada por los bancos centrales.

Desde hace prácticamente cuatro años que estalló la crisis financiera global, los mercados libran una batalla entre una economía global en riesgo de recesión constante y una ola de liquidez desatada por las decisiones de política monetaria de los principales bancos centrales del planeta. A tres años de la quiebra de Lehman Brothers y el comienzo oficial de la debacle financiera del 2008, el marcador económico y financiero se puede ver desde ópticas muy diferentes.

Un vistazo a los niveles actuales de los principales mercados accionarios en comparación con su nivel de hace tres años denota una recuperación total. Desde el 12 de septiembre del 2008, cierre previo al fin de semana en que Lehman se declaró en quiebra, al 14 de septiembre del 2012, el S&P 500, el Dow Jones y el Nasdaq han subido 17, 20 y 41%, respectivamente, todos máximos históricos.

Aunque el desempeño de los mercados accionarios no siempre tiene una correlación directa con el accionar de la economía real, estos últimos cuatro años han sido, sin duda, el periodo histórico con la dicotomía más marcada.

Si suponemos por un segundo que alguien que ha observado el desempeño de los mercados accionarios y la economía global durante los últimos 100 años, pero que durante los últimos cuatro años sólo ha tenido acceso a la variación punta a punta de los principales índices accionarios, esta persona probablemente deduciría que la economía global goza de buena salud. Sin embargo, cualquiera que haya tenido acceso a la volatilidad extrema con la que los índices han alcanzado los niveles actuales y ha podido ver la inconsistencia del desempeño económico sabe que la historia real es muy diferente.

La realidad que vive la economía global está plagada de riesgos sistémicos –léase Europa y el precipicio fiscal de EU– y señales de desaceleración. La distorsión entre lo que ocurre en la economía real y los mercados accionarios ha sido creada por la ola de liquidez sin precedentes creada por los bancos centrales.

La decisión de los bancos centrales de funcionar como proveedores de liquidez ilimitada ante la amenaza de una nueva recesión ha jugado un papel crucial para disminuir la aversión al riesgo que había crecido ante un eventual desgajamiento de la eurozona y sus ramificaciones sobre el sistema bancario y financiero a nivel global.

Los bancos centrales han tomado medidas extraordinarias, utilizando todo un arsenal de medidas convencionales y no convencionales para apoyar la recuperación global y disminuir los riesgos sistémicos ante la ausencia de medidas de política fiscal.

Aunque en algunos casos la ausencia de apoyos fiscales se ha dado por falta de voluntad política, en la mayoría de los casos ha sido un asunto de posibilidades. Al principio de la crisis, la mayoría de las economías desarrolladas se embarcaron en un programa de estímulos fiscales que ayudó a amortiguar el desapalancamiento del sector privado, transfiriendo buena parte del endeudamiento al sector público.

Ahora, la economía global enfrenta el comienzo de un ajuste fiscal de magnitudes descomunales que puede ser manejado de manera gradual, ordenada y prudente, pero no puede ser desconocido.

Ante esta situación, los bancos centrales han sido orillados a actuar al límite de su mandato, imprimiendo dinero para financiar el desapalancamiento de gobiernos y bancos en condiciones más favorables y restaurar la confianza mediante una disminución considerable del riesgo sistémico.

Los bancos centrales están conscientes de que estas decisiones pueden tener consecuencias inflacionarias en el futuro, pero también saben que su preocupación número uno en el entorno actual son la deflación, el desempleo y la desconfianza.

La situación es inédita y altamente dependiente de la voluntad de los bancos centrales, los mercados están apostando a que los bancos centrales seguirán actuando como proveedores de liquidez de manera ilimitada y que dicha liquidez ayudará, eventualmente, a mejorar la situación de la economía real.

Los mercados también parecen apostar a que los gobiernos de las principales potencias económicas tomarán las decisiones correctas para evitar un ajuste fiscal demasiado brusco. Aunque podría haber un ajuste temporal, parece que esta batalla seguirá, en el mediano plazo, siendo ganada por la imprenta de billetes de la Fed y el Banco Central Europeo.

joaquinld@eleconomista.com.mx