Al detectarse Ómicron, la cuarta variante del covid, en cinco continentes y 30 países afectados, el G-7 decidió acelerar la donación de dosis, decisión tardía pero mejor que nunca.

La pandemia y sus mutaciones, cada vez más peligrosas, son el resultado esencialmente de que la población de África y de otras regiones no se han vacunado de manera suficiente. La desigualdad en el reparto de las vacunas revela los errores de la gestión global.

El 80% de las dosis han sido para los países del G-20. La pandemia continuará mientras no se vacune a todo el mundo, porque no conoce fronteras.

África en promedio solo se ha vacunado al 3% de su población, lo que ofrece una alta vulnerabilidad. En Suráfrica que es donde surgió la variante Ómicron, la vacunación ha sido de solo el 24% de la población.

Al detectarse Ómicron, la cuarta variante del covid, en cinco continentes y 30 países afectados, el G-7 decidió acelerar la donación de dosis, decisión tardía pero mejor que nunca.

Los especialistas estiman que Ómicron es 500 veces más contagiosa que la cepa Delta. Consecuentemente 40 Naciones han cerrado sus aeropuertos a vuelos provenientes de Suráfrica.

Las farmacéuticas hacen pruebas para crear los antídotos inmunizadores contra la nueva variante. También los expertos consideran que con carácter de urgencia se facilite la primera y segunda dosis a los países que están sin protección. Si ello no sucede volverán a presentarse escenarios trágicos en donde la muerte no pide permiso.

En México se ha vacunado al 70% de la población con dos dosis, 13% con una sola dosis y se hará la aplicación de la tercera dosis de refuerzo para los adultos mayores.

Ómicron también ya llegó. Los especialistas han expresado que se necesita reforzar medidas para evitar su propagación. También se reconoce que esta variante se transmite muy rápido. En Canadá, Brasil y Estados Unidos ya está presente. Asimismo, en 21 países europeos, lo que ha significado establecer por parte de la Comisión Europea medidas más duras de prevención, sustituyendo a las discrecionales que existían.

Debido al carácter depredador de la pandemia no debería existir ninguna resistencia social y menos escatimar gastos para comprar vacunas, incluso acudir a financiamiento externo. El costo que puede significar la batalla contra la pandemia y sus nuevas versiones es inferior al beneficio de tener a una sociedad sana y con capacidad para trabajar. Es inversión en capital humano.

Con la pandemia ocurre el deterioro económico, cierran las empresas, aumenta el desempleo, se acumula la desesperanza, la economía familiar se colapsa. Todo se vuelve gris ante la incertidumbre.

El combate a esta y otras pandemias choca en el vacío por la falta de sistemas de salud mínimamente dotados en muchos países y la ignorancia y supersticiones de buena parte de sus habitantes. De ahí que no sea solo un problema de salud pública sino de educación y de informar.

smota@eleconomista.com.mx

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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