La Organización de las Naciones Unidas ( ONU) reveló pocos meses atrás el número de personas pobres que existen en el planeta; éstas suman más de 1,000 millones, lo que equivale a la séptima parte de la población mundial. ¿De quién es responsabilidad la pobreza del mundo?

Este reto es el mayor que tienen tanto los gobiernos como la sociedad. Es por eso que, como lo mencionaba C.K. Prahalad, es vital mirar hacia la base de la pirámide para atenderla con productos de largo plazo, que impacten directamente en el alivio y reducción de estas pésimas condiciones de vida.

Esta situación se debe de visualizar de dos maneras. La primera, como una oportunidad para que la sociedad, la Iniciativa Privada (IP) y el Estado, en conjunto, utilicen sus alcances, conocimiento, investigaciones y recursos, para ayudar a salir adelante a un segmento que urge ser atendido.

La segunda forma es una oportunidad de negocios que exigirá a la IP innovar en sus servicios, productos y tipo de tecnología que utiliza para enfocarlo realmente hacia un mercado que, bien atendido, promete ser muy rentable. Es importante tener en cuenta que no se trata de filantropía o de un proyecto de Responsabilidad Social Empresarial, porque éstos en cualquier momento podrían quedarse sin presupuesto.

Se trata de un fuerte compromiso por parte de las empresas, grandes y pequeñas, de unir sus esfuerzos como estrategas del mercado al conocimiento y experiencia de las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) y del gobierno, este último como el responsable de promover las mejores condiciones de negocios e infraestructura para que los productos y servicios puedan rendir los frutos que se desean.

Es así como estamos hablando de una verdadera estrategia de negocios que permita a las compañías y los emprendedores sociales resolver problemáticas desde su origen y detonar las mejores prácticas empresariales.

Prahalad contabilizaba poco más de 5,000 millones de personas pobres, posibles consumidores de productos y servicios que podrían cambiar su realidad con acciones productivas, no de paternalismo. Esto incluía la posibilidad de desarrollar nuevos empresarios en un nivel básico: Desde mujeres trabajando como distribuidoras y empresarias, hasta mipymes locales .

Para lograrlo, necesitamos modelos de negocio sostenibles, con un enfoque diferente a lo que siempre se ha venido haciendo: mercadotecnia que genera necesidades o cubre demandas que no son básicas.

Más responsable será poder acercarse acertadamente a este mercado, ya que, además, tiene distintos rostros y realidades, aunque su común denominador sean las deplorables condiciones de pobreza en las que viven.

Dentro de las aportaciones que hizo C.K. Prahalad, como pionero en esta teoría, se revela como un ingrediente básico el entendimiento de las emociones de dicho segmento de la población. Esta oportunidad extiende otra más para las pymes y los emprendedores, que pueden acercarse a los pobres aprendiendo de las mejores prácticas de las grandes firmas, logrando así consolidar su crecimiento y aliviar la pobreza de sus zonas.

Twitter: @chucastellanos