Hace 10 años, la Agencia Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA) decidió incluir a México en la llamada Categoría 2, un catálogo donde las autoridades de aviación de ese país incluyen a las naciones cuyas regulaciones no son lo suficientemente fuertes para garantizar una operación aérea segura, dentro del Programa de Evaluación de Seguridad en la Aviación Internacional (IASA), lo cual se determina mediante auditorías periódicas.

Incluir a México en esa clasificación impidió que las aerolíneas nacientes de la época, Interjet y Volaris, tomaran inmediatamente el lugar de Mexicana en los vuelos a los Estados Unidos. Por el contrario, fomentó que las aerolíneas estadounidenses aumentaran su presencia en las rutas hacia México.

En todo caso, poco se supo de las razones reales que llevaron a la FAA a clasificar a nuestro país en la categoría 2 y aún menos, qué las llevo a desclasificarlo para que, como el hijo pródigo, las aerolíneas mexicanas pudieran ser recibidas sin reservas en aquellas latitudes. Lo que sí se pudo saber es que accidentes como el que sufrió el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño y otros muchos accidentes e incidentes, así como la falta de recursos para las autoridades e instituciones del sector transporte aéreo, llevaron a ese desenlace que nos costó bastante presencia en las rutas bilaterales.

En este año, la FAA está haciendo de nuevo la auditoría y ahora revisa a la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) que sustituyó a la DGAC, en un marco donde hay cierto temor, por parte de diversos actores de la industria, de que el asunto de la categoría 2 vuelva a repetirse.

Hay incluso quien protesta (virtualmente) por este tipo de auditorías, pero como siempre sucede, los vecinos del norte dicen que no es obligatoria, pero si un país quiere que sus aerolíneas vuelen hacia el territorio de EU debe someterse a este tipo de exámenes. Algo similar ocurre con la Unión Europea, con la diferencia de que nuestros vuelos son tan pocos hacia esa región, que a ellos les basta con la palomita de la FAA para dejar entrar a nuestras aerolíneas.

Rodrigo Vázquez Colmenares, director de la AFAC, confía en que esta vez México está mejor preparado que en el pasado, entre otras cosas porque los cambios que se hicieron en esta década son más profundos, hay mayor colaboración entre el sector privado y el público y el tráfico entre Estados Unidos y nuestro país se ha incrementado exponencialmente, al grado de que en agosto pasado el 90% de los pasajeros internacionales de México tenían como origen o destino ese país.

Nuestro convenio bilateral amplió considerablemente la interacción entre las dos naciones y el momento actual de crisis por pandemia sería el peor escenario para una decisión de este tipo, máxime si ambas economías desean reestablecerse. Es decir, sería extremadamente riesgoso que se reeditara el escenario de hace 10 años.

Es cierto que tenemos enormes retos por cumplir, sobre todo en temas como navegación aérea, donde el pleito por darle un cobijo al sistema aeroportuario metropolitano sacó de la jugada a MITRE, sin que se arreglen los problemas de fondo del espacio aéreo, donde siguen circulando los malosos y Estados Unidos lo sabe. Es importante atender este asunto.