El nacionalismo tiene la nostalgia del pasado como arma, pero no ofrece nada para el futuro.

En su obra El Príncipe, Maquiavelo nos ofrece la siguiente perla de racionalidad y reto, al reconocer que: No hay nada más difícil de llevarse a cabo, no hay nada más dudoso de éxito, nada más peligroso de manejar, que iniciar un nuevo orden de cosas .

La Unión Europea es el diseño de una gran política que notables hombres de Estado (Robert Schuman, Jean Monet y Jacques Delors) concibieron con base en un gradualismo histórico, para superar disputas entre los países, evitar guerras, realizar políticas económicas para la estabilización y el interés común: hacer una geopolítica defensiva de cara a Rusia.

Con la salida de Inglaterra, cuyos factores decisivos fueron la inmigración y la población envejecida, empiezan las amenazas de erosión de la Unión Europea, que muestra avances a pequeños pasos. Padece, asimismo, de una burocratización excesiva y de austericidio en la política económica, una cura demasiado brutal, lo que ha originado el surgimiento de nacionalismos que ya advierten su peso autoritario en países miembros, como son Hungría y Polonia, que se guarecen en la inexistente soberanía nacional.

Los líderes europeos han demostrado un evidente instinto de supervivencia, pero tienen una escasa visión estratégica. Por ello y para mantenerse como actores de primera magnitud en la política internacional, necesitan pasos de gigante. Ante un mundo de dinámica cambiante, se requerirá de nuevos pactos y realizaciones para enfrentarse a las amenazas (Putin, Trump, ISIS, Le Pen, Hungría, Polonia, terrorismo, inseguridad, inmigración).

El nacionalismo tiene la nostalgia del pasado como arma y nada para el futuro. Los líderes nacionalistas se limitan a descalificar todo. Fomentan los bajos instintos y el patriotismo, esa entelequia para agitar fidelidades temerosas.

La democracia, con todas sus fallas, resuelve todas las visiones parroquiales, porque implica un sistema que permite distribuir el poder entre las distintas fuerzas políticas y realizar un gradualismo reformista. Por ello, no debe estancarse. También es un potente proceso educativo, vulnerable ahora por la fuerza terrible de la televisión, que hace al hombre un ser pasivo, con tendencia a la mediocridad.

La lección que ofrece la salida de Inglaterra de la Unión Europea es una grave advertencia a la democracia, a la gobernabilidad y a la eficacia en la gestión pública. También, para acometer la tarea de realizar consensos en favor de propuestas con altura de miras. Lo exigen estos tiempos de confusión y deseos inciertos, que hacen que triunfe el populismo y su deriva autoritaria.

A nivel concreto, entre otras cuestiones, los retos son superar el austericidio en la política económica, resolver el problema migratorio, fijar flexibilidades en las políticas sociales y que el Banco Central Europeo financie el plan de inversiones que elaboró la Comisión Europea para recuperar el crecimiento.