Las masivas movilizaciones de millones de mexicanos cuestionando el Estado por los crímenes de Iguala, no son solamente una exigencia de justicia, sino también un cuestionamiento al orden imperante.

Hace tres meses ocurrió una de las masacres más terribles y abominables en la historia reciente del país, cuando una extensión del aparato político-criminal que gobierna en México, disparó a mansalva, asesinó y desapareció a normalistas de Ayotzinapa.

La reacción de solidaridad que ese hecho violento generó en millones de mexicanos, dentro y fuera del país, ha cimbrado a la sociedad, y ha abierto una grieta a la dominación política. Han sido tres meses de movilizaciones, de expresión de otra subjetividad política que cuestiona el orden liberal. Esta reacción ha trastocado el orden político y la agenda del actual grupo gobernante.

Tras un agresivo programa de aprobación de reformas legales que suponen un aliento a otro ciclo de acumulación de capital, las movilizaciones en solidaridad con Ayotzinapa han descarrilado el plan reformista de Peña Nieto.

Las masivas movilizaciones de millones de mexicanos cuestionando el Estado por los crímenes de Iguala, no son solamente una exigencia de justicia, sino también un cuestionamiento al orden imperante.

A tres meses de la masacre de Iguala, queda más que evidente que el gobierno de Enrique Peña Nieto busca que los crímenes en contra de los normalistas de Ayotzinapa queden en el olvido, que las manifestaciones de solidaridad se terminen y que todo vuelva a la normalidad en el país para que no entorpecer los negocios capitalistas.

Esta es la prioridad del gobierno de Peña Nieto, no la búsqueda de los normalistas desaparecidos, ni los otros miles de personas que han desaparecidos en años recientes. La promesa que Peña Nieto hizo en la cara de los padres de los normalistas de Ayotzinapa fueron palabras vanas.

Pero mientras el gobierno de Peña Nieto y el Estado apuestan al olvido de la masacre contra los normalistas, y de las otras masacres y dolores ocurridos en el país, el movimiento de solidaridad con Ayotzinapa sigue manteniendo las movilizaciones y acciones en demanda de justicia. Todavía sigue siendo una prioridad la búsqueda de los estudiantes desaparecidos, pues la versión oficial sobre el asesinato de los normalistas pierde cada día más credibilidad.

Junto a la búsqueda de los desaparecidos, sigue siendo vigente recordar una y otra vez que ese crimen fue cometido por el Estado, que no se trata de una masacre con responsables locales ni un hecho aislado, sino que la masacre de Iguala ha tenido tal eco y resonancia justo porque su dolor y rabia resuena en millones de mexicanos.

Mientras el Estado apuesta por el olvido y la impunidad, las movilizaciones para no olvidar la masacre de Iguala, y otras masacres más, la apuesta por no olvidar a los desaparecidos, no olvidar a los bebes que murieron en el incendio de la Guardería ABC y otros terribles casos ocurridos en años recientes, es una apuesta contra la impunidad, contra las desapariciones, contra el despojo y la represión que están detrás de esta violencia estatal en esta fase de acumulación por desposesión.

No olvidar Ayotzinapa es, pues, un decisión política por construir otras relaciones sociales en el país, otras que destierren esta violencia estatal.

@rmartinmar