Se dice que no hay peor ocasión que el infortunio que procura la oportunidad perdida. Así, recuerdo la alegoría de Og Mandino en donde equipara al éxito con la novia impaciente; si se demora en procurarla, se casará con otro que le procure mayor atención. Esa puerta de entrada hacia los logros con provecho colectivo, es precisamente la que se avizora para México ante una reunión trilateral con los Estados Unidos y Canadá, países que, ante la particularidad del momento, requieren de un entendimiento sólido para transitar en este duro escenario post pandémico.

Tomemos el caso de los Estados Unidos. Con un presidente como Biden quien ha perdido popularidad de forma acelerada, el escenario resulta propicio para plantear temas que, estratégicamente colocados, generen beneficios ante el interés compartido entre países. A su vez, en un contexto donde China ha emprendido el despunte en una carrera que, conforme a todos los pronósticos, relegará a los norteamericanos hacia lugares donde ya no se reinará en materia de competitividad y economía. Para tenerlo a la vista; China mantendrá un ritmo de crecimiento sostenido para los próximos cinco años de entre un 5 y un 6.2 por ciento.

En tal avance acelerado, para el 2028 llegará a la cima de crecimiento que la ubique como la mayor economía mundial, seguida por Estados Unidos, India y Japón, además del acompañamiento de economías emergentes como Brasil, Indonesia y Rusia. Con tal muestrario de riesgos, el país de las barras y las estrellas necesita de la consolidación inmediata de un bloque económico y productivo que urge de la ayuda mexicana.

Sin embargo, poco es el aliento cuando las agendas de los gobiernos no solo no parecen coincidir en algunos temas, sino que realmente aparecen posiciones encontradas en sus prioridades. México pretende liderar un cambio social global mediante un plan de asistencialismo con muy poca propensión al éxito. Además, nuestra agenda sobre el cambio climático es inexistente y dispar ante los intereses de inversión privados.

La política migratoria se vuelve borrosa y poco enérgica en la protección a nuestros nacionales y los planes de inversión no atienden necesidades compartidas. Tan solo en este último punto; el plan de infraestructura aprobado para Biden, incluye inversiones multimillonarias en el ramo marítimo y aeroportuario, lógica que no empatiza con los horizontes mexicanos donde apostamos por un tren turístico, en vez de un fortalecimiento y creación de puertos que desde el Pacífico sirvan de desahogo para el tránsito comercial estadounidense. Además, no apostamos a la inversión en manufactura tecnológica cuando la industria automotriz se paraliza por la dependencia que se tiene de componentes que hasta hoy vienen de China.

Parecería que no estamos leyendo correctamente el momento y la oportunidad podría pasar de largo, aún cuando es el momento de mayor necesidad para un repunte económico regional. ¿Puede más el dogma antiliberal que el progreso compartido? La respuesta podría traer aparejada una dura y cruenta realidad.

Twitter: @gdeloya

Guillermo Deloya Cobián

Analista en temas de política

A media semana

Guillermo Deloya Cobián es oriundo de Puebla, licenciado en derecho, con especialidad en derecho fiscal, maestro en economía y gobierno y doctor en planeación estratégica y políticas de desarrollo. Actualmente cursa la maestría en escritura creativa en la Universidad de Salamanca.

Es articulista y comentarista en diversos medios de comunicación nacionales y locales, ha publicado ocho libros, además de diversos ensayos en temas que van desde lo económico, político y jurídico, hasta una novela histórica ubicada en el siglo XVIII.

Es comentarista y analista en temas de política, economía y jurídicos en ADN40.

Ha desarrollado una constante actividad docente como profesor universitario tanto en Puebla como en la CDMX.

Cuenta con una trayectoria en el sector público de veintiocho años donde ha ocupado cargos en los ámbitos federal y estatal, en la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, en la Procuraduría General de la República, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Pública, en el Consejo de la Judicatura Federal y el Gobierno del Estado de Puebla, fue Coordinador del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal, INAFED, de la Secretaría de Gobernación y ha ocupado diversos cargos partidistas.

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