¿Por qué hasta los expertos confunden la deflación con una inflación negativa?

¿Será que nos resulta un fenómeno tan desconocido que no sabríamos reconocerlo cuando lo viéramos?

Lo que el Banco de México reportó esta semana fue una inflación negativa. Esto es, un incremento generalizado de los precios, pero con un par de componentes de alta influencia que por cuestiones estacionales reportaron bajas en sus precios.

La deflación, la baja generalizada de precios, es un fenómeno que podría sonar como ideal para una economía. Porque aparentemente aumentaría el poder de compra de los salarios: misma paga y precios más bajos.

Pero no una deflación implica una baja drástica en la demanda y la necesidad de hacer atractivo el desplazamiento a través de ofertar los productos. Esto genera un círculo vicioso que termina por generar desempleo y recesión.

Ejemplos actuales, Japón. Que tiene que lidiar con la baja constante de algunos precios para desplazar productos. Ejemplos cercanos, Argentina.

Que cuando dolarizó su economía se encontró en desventaja competitiva en su producción interna frente a las importaciones y entró en un proceso deflacionario que barrió con el empleo y su economía, hasta que devaluó su moneda.

Entonces, una deflación es una pésima noticia, que afortunadamente en México no padecemos.

Si la inflación de mayo fue de (-0.63%) fue esencialmente por la baja de dos precios, los energéticos controlados por el gobierno y algunas hortalizas.

Las tarifas eléctricas bajan cada año en ese mes de referencia. Lo hacen sólo algunos estados del norte de la República y es para poder enfrentar durante la época del verano las altas temperaturas. Tarifas más bajas para prender los aires acondicionados.

Hasta ahí, no hay deflación. Hay una baja por decreto de los precios de una tarifa. Pero es un precio tan importante que pega en la medición general del Índice Nacional de Precios al Consumidor.

El otro energético que jura el Banco de México que bajó de precio fue el gas LP. Ahí sí no me enteré. Al menos del gritón del gas que me deja un tanque en casa no me avisó.

Por lo que hace a los precios de las hortalizas. La cebolla, el jitomate y el tomate verde bajaron de precio de manera importante durante mayo.

Tanto que no sólo garantizaron buenos guisados para el Día de las Madres, sino un impacto importante en la medición de precios.

Cosechas abundantes provocan bajas en los precios al productor agropecuario y éstos se notan en las cuentas del hogar. Pero esto dura poco. Sabemos que, por ejemplo, el jitomate es un producto muy volátil en sus precios.

Por eso es que estas muy poquitas bajas por factores estacionales, de temporada, no marcan para nada una tendencia a la baja en los precios de esta economía. Por eso es que están muy equivocados los respetables analistas que se preocupan por un fenómeno deflacionario en la economía nacional.

Pero hay algo más. El dato relevante no es que bajara la inflación general como efecto de estos precios volátiles. Sino que justamente, el indicador de los precios no volátiles, la llamada inflación subyacente, se mantenga en un rango muy aceptable.

Si queremos destacar algo del dato inflacionario, no hay nota en el jitomate o en la luz. Lo relevante está en que los precios más estables de la economía, los que no se mueven por los vaivenes de las temporadas, tienen un incremento mensual promedio de solamente 0.2 por ciento.

Y esto a pesar de que suben las gasolinas cada segundo sábado del mes y de que lo hacen por arriba de la media inflacionaria. A pesar también de que el pesito mexicano pega brincos importantes que podrían afectar también la inflación.

La inflación subyacente parece vacunada­ de estos movimientos y promete meses de estabilidad. Ésa sí que es una buena noticia.

Lo que podría amenazar esta estabilidad de precios es un aumento en la demanda interna, algo que se ve todavía difícil. Sobre todo porque la capacidad de crecimiento de la economía mexicana está limitada y no da para presionar tanto la inflación.

Seguro que los gasolinazos mensuales impedirán al banco central de cumplir con su anhelada meta de 3%, pero es un hecho que no hay amenaza inflacionaria.

Mucho menos, por favor, una amenaza deflacionaria.