La historia de México es la de la lucha entre la división, la diversidad y el reconocimiento de las diferencias y, por otro lado, las posibilidades de su unidad. Lo primero es un reclamo permanente, que se expresa de muchas maneras cotidianamente. A lo segundo hemos dedicado dos siglos de historia y varias guerras que nos han costado mucho.

El gobierno actual sabe de eso de manera maliciosamente interesada. Sabe que en la medida en la que divide, el argumento de los contrarios, serán su mejor sustento y que repetirlos, serán el alimento fértil de sus seguidores. Es una especie de paradoja circular. Mientras los que critican al gobierno lo hagan más duramente, los argumentos del discurso actual se hacen más poderosos y encuentran en la oposición el mejor argumento de su razón y de su justificación.

Pongo un ejemplo: yo no soy florero, diría el máximo líder, y no lo soy porque soy mayoría. Los intereses y la mafia del país tienen que aceptarlo y reconocerlo. Por lo tanto, voy a suspender la construcción del aeropuerto de Texcoco. Del otro lado, sabiendo que es una locura, económica, de imagen de país para la inversión y técnica, se lanzan en contra de la idea. Con ello el presidente, encuentra las razones de su dicho: ya ven, estaban tantos intereses involucrados, que todo el mundo se queja y quiere defender la corrupción. Así de fácil.

Mientras más hacemos crítica del gobierno, más parecen fortalecerse los argumentos de su acción transformadora, que en realidad son la justificación de su ineptitud y de su visión ideológica. Por ello, la entrega a ciegas de los que lo apoyan, que muestra en el fondo una visión rencorosa contra la modernidad. El gobierno juega a dividirnos y a obligarnos por optar entre él y lo demás. Es decir, el otro 50% del país.

La razón no es extraña. En la maniquea visión histórica del presidente, la lucha entre los contrarios se encuentra la explicación de nuestro ser nacional. Centralistas contra federalistas. Conservadores contra liberales. Revolucionarios contra porfiristas. Y, porque no, los de la 4t, contra los neoliberales. Al asunto se le ha dedicado muchas líneas y mucha tinta. Traigo sin embargo el asunto a colación, por varios artículos que han dado en el clavo, recientemente. La verdadera crítica al gobierno es su incapacidad para llamar a la unidad y a la concordia. Para concitar a todos los mexicanos, aunque no estemos de acuerdo en muchas de las medidas de la 4t, a incorporarse a un proyecto nacional compartido y en el que aspiremos a que el desarrollo económico y político sea más igualitario y más incluyente.

Esa crítica es inapelable, pero será muy cuestionada, porque el presidente sólo acepta que las cosas sean como él las piensa y en ello aflora el mayor de los defectos de su movimiento. Es precisamente por ello que hay que insistir en el argumento. Dejar la división y apelar a la unidad, en el mosaico unitario de la diversidad que somos, que incluye a algunas de las empresas más modernas del mundo, con los municipios de usos y costumbres que pueblan el país. Es tiempo de aspirar a un México unido, en la diversidad y entre lo moderno y los atavismos del pasado que todavía arrastramos. Nada más, pero nada menos, sin duda.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.