En la arquitectura del poder diplomático del siglo XXI no embona el esperpento político de Trump.

Si la estructura política es multilateral, Trump la intenta dinamitar; si las soluciones de los problemas globales sólo pueden ser aportadas sobre el terreno de la multilateralidad, es Trump quien prefiere dinamitarlo.

Como bien describe Javier Solana, no se trata de “America First” sino de Trump first.

En tan sólo 15 meses ya conocemos la esencia de la decadencia estadounidense. Fue George W. Bush el autor del preámbulo. Tras los atentados del 11 de septiembre del 2001, el entonces presidente sorteó la solución del conflicto terrorista de Al Qaeda desatando una guerra con fundamentos nihilistas. En febrero del 2003 su secretario de Estado, Colin Powell, presentó ante el Consejo de Seguridad un escenario espectacular de pruebas falsas sobre la supuesta posesión de armas de destrucción masiva en manos del presidente Sadam Husein. En septiembre del 2005 Powell reconoció que mintió.

El 15 de mayo del 2002, Colin Powell desmintió a John Bolton, subsecretario de Estado para el control de armas y seguridad. Cuba, dijo Bolton, tenía la capacidad para desarrollar armas biológicas. Curioso, John Bolton es en la actualidad consejero de Seguridad Nacional de Trump.

El 23 de marzo Trump corrió a McMaster por varios motivos. Uno de ellos, su apoyo al acuerdo nuclear de Irán. Curioso, Bolton criticó a Obama por haber negociado el famoso acuerdo.

Trump también despidió a Rex Tillerson por respetar el acuerdo que firmó Obama e invitó a Mike Pompeo, un fiel enemigo de Irán.

Trump, como Powell, mintió. Irán sí ha cumplido el pacto.

“Basta”, ha de haber pensado la canciller alemana para revelar una de sus más duras frases contra Trump: “Hay conflictos a las puertas de Europa. Y la época en la que podíamos confiar en Estados Unidos se acabó”.

El 10 de mayo tendrá que ser recordado como el día de la separación entre la Unión Europea y Trump. No es un divorcio; sin embargo, el acto de la separación ocurrió en la catedral de Aquisgrán, situada en la frontera de Alemania con Holanda y con Bélgica.

Merkel y Macron, juntos. El francés, recibiendo el Premio Carlomagno. Un distintivo que se entrega a quienes apuestan por la “unificación de los pueblos europeos” y por “defender la libertad, la humanidad y la paz”. El presidente Macron dijo durante el discurso de recepción: “Tenemos que mantenernos unidos en un momento histórico para Europa. Europa es la responsable de garantizar el orden multilateral que se creó después del final de la Segunda Guerra Mundial; un orden que está en peligro hoy en día”.

Los cuatro ejes del discurso de Macron se resumen en cuatro ideas potentes: “No esperemos”; “no temamos”; “no seamos débiles” y “no nos dividamos”.

México guarda un silencio indolente. El presidente Peña corrió al embajador de Corea del Norte por el perfil bélico de Kim, pero no ha dicho una sola palabra sobre la beligerante decisión de Trump, porque no se nos olvide: hoy el mundo es más peligroso que el miércoles.

¿En dónde está la responsabilidad global de México?

@faustopretelin

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.