El domingo pasado por la noche, antes de la apertura del lunes de los mercados asiáticos, la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional anunciaron la creación de un fondo de ayuda contingente de 750,000 millones de euros para apoyar a los países miembros de la UE con problemas de financiamiento en sus déficit fiscales.

El anuncio representa un viraje importante en la capacidad de respuesta de la Unión Europea, que hasta ahora había tratado de solucionar los problemas de manera casuística, como el paquete de ayuda a Grecia anunciado una semana antes. La magnitud sin precedentes del paquete busca cortar de raíz la crisis de confianza y nerviosismo que se comenzó a gestar la semana pasada en los mercados.

La decisión, sin duda, es una muy buena señal para los mercados.

De no haber tomado una medida tan contundente, la crisis de confianza en los mercados hubiera orillado a países como España, Irlanda, Portugal e Italia a un problema de liquidez importante. La situación es similar a lo ocurrido en el 2008-2009 con las instituciones financieras en EU. Las medidas casuísticas que tomaron las autoridades financieras de EU, que resultaron en la salvación de instituciones como Bear Stearns, Fannie Mae, Freddie Mac y AIG, pero la quiebra de Lehman Brothers, contribuyeron a la crisis de confianza que provocó un problema tal de liquidez en instituciones como Merrill Lynch, Morgan Stanley e inclusive Goldman Sachs que estuvo a punto de orillarlas a la insolvencia.

Cada vez que una institución corría peligro, como Lehman, la pregunta que se hacía el mercado era ¿quién sigue? No fue hasta que las autoridades financieras de EU implementaron un plan de acción global para proveer de suficiente capital y liquidez a las instituciones financieras, que se cortó de tajo el comportamiento de ¿quién sigue? en los mercados. Lo que estaba ocurriendo en Europa era similar, la pregunta era ¿después de Grecia quién sigue?

A pesar de la contundencia del anuncio, el problema fundamental de finanzas públicas de varios países europeos persiste. Si bien el programa de apoyo alivia por unos años la problemática de refinanciamiento de países con grandes déficit fiscales como Grecia, España, Italia y Portugal, el acceso a los recursos del paquete requiere de sacrificios importantes. Cualquier país que requiera recursos de este fondo tendrá que implementar fuertes medidas de austeridad para reducir su déficit fiscal, esto implicará hacer fuertes recortes en el gasto y la inversión pública, y alzas en impuestos.

Estos sacrificios parecen retos formidables ante la situación actual de desempleo, cercano a 20% en casos como España y Grecia. Las medidas, además de impopulares, tendrán repercusiones importantes sobre el crecimiento económico de estos países y la Unión Europea en general.

El economista David Rosenberg calcula una reducción durante los próximos tres años, de por lo menos 1 punto porcentual en el crecimiento del PIB anual de la Unión Europea, como resultado de reducir el déficit fiscal de los países emproblemados a la meta original de 3% del PIB, establecida en los Tratados de Maastricht.

Esta reducción en el ritmo de crecimiento no es trivial para una región que normalmente crece a tasas de 1-2% y que aún se encuentra batallando para salir de una fuerte recesión. Para el caso de Irlanda, Grecia, España, Portugal e Italia, el impacto sería de 4.0, 3.5, 2.8, 2.2 y 0.8 puntos porcentuales respectivamente. Los menos afectados serían Alemania y Austria, pero países como Francia y Bélgica verían su tasa de crecimiento anual reducida entre 1.0 y 1.5 puntos porcentuales durante al menos tres años. La conclusión es que Europa podría vivir los próximos tres años en un estancamiento económico.

El paquete de apoyo ha calmado a los mercados, pero no resuelve de fondo el problema de sobreendeudamiento que existe en gran parte del mundo desarrollado. Lo acontecido en los últimos 18 meses ha sido una transferencia del apalancamiento en el sector privado al sector público, que sin duda puede lidiar con él de manera más ordenada.

Sin embargo, el problema sigue ahí y representa un riesgo importante a la recuperación. El comportamiento de los mercados en ocasiones pareciera ser complaciente y de memoria corta, pero no debemos olvidar que el mundo desarrollado sigue enfrentando un lento y complicado proceso de desapalancamiento, que implica riesgos importantes para el crecimiento económico. Semanas como las últimas tres son un recordatorio para no caer en un optimismo exagerado.