El tráfico del pasado miércoles en la mañana me permitió escuchar una entrevista radiofónica completa que le hicieran a Andrés Manuel López Obrador. Al desglosar los elementos que integran el concepto de una República Amorosa, AMLO comenzó por desgranar el elemento de la honestidad. Al intentar explicarlo, llegó -no tan rápidamente- a plantear la necesidad de contar con un presupuesto austero.

Tras denunciar que nadie lo sabe porque ocultan esas cosas , AMLO nos ilustró que el gasto federal para este año es de 3.7 billones de pesos. Este secreto que imputa a terceros ocultistas se llama Presupuesto de Egresos de la Federación, que lo propone el Ejecutivo Federal, lo aprueba la Cámara de Diputados y se publica en el Diario Oficial de la Federación, todo ello según lo dispone el artículo 74 Constitucional (y eso que AMLO declaró que su libro favorito era la Constitución). Su propuesta radica en reducir ese presupuesto en 600,000 millones de pesos. Sin duda, se trata de una propuesta loable.

Hasta ahí, fuera de que el Periférico Sur seguía parado, nada que lamentar. Lo grave comenzó con el señalamiento de que él sabría -sin explicarlo en ese momento- en qué rubros y montos específicos haría el recorte. Su sabiduría sobre el asunto la basó en el hecho de que él gobernó la ciudad de México, en la que -y aquí viene lo grave- nuestro exjefe de Gobierno aplicó el mismo plan de austeridad, sin aumentar los impuestos. En otras palabras, AMLO indica que su proyecto económico de bajar el gasto e impuestos, crear más de 1 millón de empleos anuales y hacer crecer la economía es algo viable porque ya aplicó ese programa cuando gobernó al DF. Veamos.

En el 2001, primer ejercicio fiscal del exjefe de gobierno, el Presupuesto de Egresos de la ciudad fue de 70,545 millones de pesos. El presupuesto de ese año fue mayor que el del ejercicio anterior en más de un 18por ciento. Este incremento presupuestal -de casi 20%- se anunció conjuntamente con un recorte de 2,200 millones de pesos. Del monto total del presupuesto para 2001, 51% provendría de ingresos propios, 40.2% de participaciones de ingresos y transferencias federales y 8.8% de endeudamiento neto.

Para ese 2001, y desde entonces, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó modificaciones a la legislación tributaria para incrementar anualmente los valores catastrales y con ello elevar el impuesto Predial y el Impuesto Sobre Adquisición de Inmuebles (ISAI). De igual forma, se incrementaron los derechos de agua y de los demás servicios que presta el gobierno del DF. En aquél entonces se dijo que no se trataba de incrementos impositivos, sino de ajustes.

La ley de ingresos del DF para el 2001 estimaba recaudar casi 6,000 millones de pesos por impuesto Predial; poco más de 1,000 millones de pesos de ISAI; 5,643 millones de impuesto sobre nóminas; 5,308 millones por concepto de derechos (la mitad de ellos, por derechos de agua) y poco más de 1,000 millones por derechos de control vehicular.

Para el 2006, último de la gestión lopezobradorista -y quedaría la administración capitalina a cargo de Alejandro Encinas- el presupuesto de la ciudad fue de 89,465 millones de pesos. Este monto fue 28.8% mayor al presupuesto del 2001, cuando la inflación registrada en ese período fue de 26.5 por ciento.

Para el 2006, los contribuyentes capitalinos aportarían 7,170 millones de pesos de impuesto Predial; 2,177 millones de ISAI; 6,924 millones de Impuesto Sobre Nóminas y 6,510 millones por concepto de derechos (la mitad de ellos, por agua).

Lo anterior significa que AMLO no disminuyó el gasto público del DF (al contrario, lo incrementó en términos reales) y sí elevó los impuestos (o los ajustó a la alza). La línea de gobierno perredista para esta administración no varió un ápice la política económica de AMLO. Para el 2012, el presupuesto es de poco más de 138,000 millones de pesos: el doble de lo que gastó AMLO en su primer año de gobierno.

En conclusión, su experiencia como gobernante indica exactamente lo contrario a lo que, amorosamente, ahora propone como aspirante a la Presidencia de la República. Con todo respeto, las cifras no mienten.

Con los casi 480,000 millones pesos que AMLO ejerció en su sexenio, no me resulta comprensible por qué dejaron al primer piso del Periférico en un lamentable estado permanente de obra.