En un mundo globalizado y con una economía mexicana dependiente de Estados Unidos, sería un costo de oportunidad, por no decir un engaño, pensar que la nueva configuración política estadounidense no impactará directamente al comercio mexicano. Es una realidad que no se conoce en su totalidad las consecuencias de la nueva política exterior en nuestro país y que, entre incertidumbre y costumbre, aún predomine cierta esperanza que las propuestas de campaña no se cumplan; sin embargo, aunque los expertos y conservadores se refieran a esperar que pasen al menos los primeros 100 días para conocer el tamaño del golpe , las empresas, sin importar su tamaño, son responsables de tomar medidas preventivas. Nadie mejor para hablar con un empresario, que otro empresario.

Sería lógico pensar que dichas medidas vendrán únicamente de la alta dirección, del gobierno corporativo, o incluso en algunos casos de un consultor externo, pero ¿por qué no voltear primero al interior de la empresa, a la operación diaria y a la misma cultura organizacional? Es aquí cuando el sector privado puede tomar una decisión; si percibir a la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) como un simple distintivo y trofeo, como un calendario de voluntariado corporativo y actividades asistenciales, o como una guía para ser sostenible en el paso de los años.

Para ello, la ONU invita a las empresas mexicanas a formar parte de la red de sostenibilidad más grande del mundo: el Pacto Mundial, donde a través de la ejecución de 10 principios universales, la empresa se puede asegurar de que, sin importar su giro, tamaño o nacionalidad, esté actuando no sólo correctamente sino estratégicamente.

¿Por qué se vuelve para la empresa estratégico frente a una posible crisis global ser socialmente responsable? Una empresa estable no es aquella que debe esperar la crisis para actuar, sino la que prevé los riesgos antes de operar y que lleva a cabo un proceso de mitigación para las posibles problemáticas. No caer simplemente en ser reactiva, ser socialmente responsable implicaría prevenir, pero ser sostenible la llevaría a ser proactiva. Una empresa sostenible es también consciente de que su responsabilidad no se limita a su número de empleados, sino a su cadena de valor completa, a su relación con cualquier persona física, moral o incluso comunidad a la que impacte, es decir, a sus grupos de interés.

Actuar bajo principios simplemente es buen negocio, si bien reduce riesgos y fortalece la cadena de favor, hace también más eficientes sus operaciones, reduce costos y de forma indirecta impacta positivamente en el valor de la marca, lo cual hoy frente a la incertidumbre global protege a la empresa.

Si eres un emprendedor o formas parte de una empresa y quieres conocer más a detalle los principios de la ONU para la sostenibilidad empresarial, o los diferentes servicios que se ofrecen sobre capacitación y diálogo, acércate al Pacto Mundial www.pactomundial.org.mx. A través del trabajo en conjunto, el sector privado mexicano puede afrontar y superar las crisis que se sobrepongan.

*Coordinador del Pacto Mundial en México

Twitter: @PactoMundialMex