En medio de instituciones muy debilitadas, se habla con mayor frecuencia de “militarización”

El lenguaje es el espejo de las circunstancias, o si se prefiere, el espejo que delata el paso del tiempo. Por su parte, Google hace las veces de un espejo-data; describe nubes de palabras y las cuenta.

Tal parece que una espantosa nube ensombrece a una buena parte del planeta. De ella se pueden identificar con claridad las siguientes palabras: militares, militarización, fuerzas armadas, seguridad, democracias iliberales, represión, dictadura, censura y mundo orwelliano.

En Europa se pronuncia con mayor frecuencia populismo y democracia iliberal. En América Latina: militares, militarización y fuerzas armadas.

Algo más, hay presidentes militares que sólo piensan en armas, Bolsonaro, y hay presidentes civiles que defienden el uso de las armas sólo para no contravenir la misión de la Asociación Nacional del Rifle, Trump.

El algoritmo de Google vincula cerca de 1 millón 700,000 resultados de búsqueda con “militarización en México”.

Algo queda claro: la militarización no ha roto la tendencia creciente en el número de muertos.

¿Para qué los militares?

Lo que faltaba. En América Latina el acrónimo OTAN comienza a tener presencia en las conversaciones entre políticos.

En mayo del 2018, el entonces presidente colombiano Juan Manuel Santos firmó un acuerdo de asociación con la OTAN. Jens Stoltenberg, secretario general de la Alianza Atlántica, aplaudió la decisión. En la lista ya se encuentran Japón, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur.

“El acuerdo permite estandarizar los procesos, facilita el acceso de las fuerzas armadas de Colombia a un portafolio de capacitaciones y entrenamientos que tiene la OTAN y fue el primer paso formal para la aprobación del programa de socios individuales que estamos poniendo en práctica”, comentó Santos.

El pasado junio, Trump recibió al presidente brasileño Jair Bolsonaro en la Casa Blanca, y frente a la prensa dijo que Brasil será un “aliado fuera de la OTAN”.

En abril, Stoltenberg declaró: “Es una posibilidad considerar la opción de que también otros países de Latinoamérica se conviertan en socios, lo que luego entrega una plataforma, un marco para una estrecha cooperación política y práctica” (Le Monde, 5 de abril).

Llama la atención que la llegada de la OTAN a América Latina ocurre en el momento en que Trump ataca a sus miembros por no aportar el suficiente dinero para su mantenimiento. Es probable que Trump quiera rentar a la OTAN como si se tratara de un catering de seguridad.

Es absurda la presencia de la OTAN en América Latina porque su misión está fuera de época. La Alianza Atlántica fue creada ex profeso para ubicar un muro militar entre la Unión Soviética y Europa.

También resulta absurdo que los países miembros de la OTAN destinen recursos económicos a la alianza para tener “socios estratégicos” en América Latina, sabiendo que el mecanismo sirve, principalmente, a los intereses de Estados Unidos.

Pero hemos visto muchas decisiones absurdas en los últimos meses. Por ejemplo, el retiro de EU del acuerdo nuclear de misiles de corto y mediano alcance.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.