Esta semana tuve oportunidad de escuchar las perspectivas del secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, sobre la ambiciosa visión de México en un mundo convulso. Es evidente que la economía global atraviesa por tiempos turbulentos, pero eso no significa que todo sea negativo, por lo menos no para México.

Oportuna y relevante ha sido la visita de Ángel Gurría a México a unos días de que el Congreso dé inicio a un nuevo periodo ordinario. Resulta de gran trascendencia que los ciudadanos recordemos nuestro papel para seguir de cerca y pedir cuentas a quienes hemos elegido como representantes en el Congreso. Las recomendaciones de mejores políticas para una vida mejor, elaboradas por la OCDE, resultan clave en este momento. ¿Por qué nuestro país es prioritario para el organismo? A diferencia de la mayoría de sus miembros, México tiene actualmente un panorama relativamente alentador.

La OCDE estima que podemos crecer por encima de 3.5% este año. Existen varias razones para el optimismo. Tenemos una situación fiscal sólida, inflación bajo control, flujos importantes de Inversión Extranjera Directa, una deuda pública manejable y estable, un déficit modesto y a la baja, una tasa de desempleo de las más bajas en la OCDE y un sistema financiero bien capitalizado, bien supervisado y bien regulado.

Estas buenas noticias no pueden ni deben llevarnos a la autocomplacencia, al contrario. Como bien ha dicho el secretario Gurría, aunque la estabilidad macroeconómica es un requisito necesario, no es suficiente para lograr un desarrollo sostenido e incluyente.

La OCDE reconoce que uno de los principales desafíos que enfrenta México es reducir la brecha del PIB per cápita con las economías avanzadas y atacar de manera contundente la pobreza y la desigualdad. La baja productividad aún nos impide elevar considerablemente el PIB per cápita.

De acuerdo con la OCDE, el crecimiento promedio del PIB real de 1996 al 2011 ha sido de 2.8% y en términos per cápita, de sólo 1.4 por ciento. En este periodo, la contribución de la productividad al crecimiento ha sido en promedio -1.4 por ciento.

La recomendación para nuestro país es muy puntual. Es urgente cambiar la estructura de los incentivos económicos para poder lograr una mayor apertura, promover la productividad y la competencia. La OCDE estima que un programa moderado de reformas podría elevar a cerca de 4% (a diferencia de 3% actual) el crecimiento potencial de México. No hay tiempo que perder.

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