La mejor síntesis del golpe que dio el Senado con la ampliación inconstitucional del plazo de la presidencia del ministro Arturo Zaldívar al frente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) la dio el presidente Andrés Manuel López Obrador con aquello de que está de acuerdo con la medida, para que tenga tiempo de implementar la transformación de la Corte.

Bajo esa misma “lógica”, no está lejano el día en que el propio López Obrador reciba con beneplácito la noticia de que a su dócil mayoría en el Congreso se le ocurrió obsequiarle un par de años más de mandato presidencial, con un simple artículo transitorio en una ley secundaria, para que pueda terminar la 4T, interrumpida por la pandemia.

Y la mayor preocupación por esta intentona ilegal no se desprende de la actitud sumisa y supuestamente omisa de los senadores, sino de la ausencia de un rechazo inmediato y contundente a esta violación del texto constitucional por parte del propio ministro Arturo Zaldívar y del resto de la Corte. Se van a esperar, es su respuesta.

Es tan escandaloso este asunto y tan preocupante para la vida democrática del país que no puede perder la atención de la opinión pública, al menos de aquellos que no están hipnotizados. Porque este pretendido rompimiento del orden constitucional lo afecta todo.

En términos económicos, México ha sido un pasajero más de la crisis global derivada de las medidas de confinamiento por el Covid-19. Eso sí, uno de los países con el peor desempeño, por el abandono total del gobierno a los agentes económicos, pero también uno de los grandes beneficiarios del inédito paquete de rescate económico que hoy tiene en marcha Estados Unidos.

Pero una intentona como la que ahora propina el Senado puede derivar en otro tipo de crisis financieras, de las que no es tan fácil salir.

Los mercados ya observan lo que ocurre en México, pero se mantiene cierto apetito por sus productos financieros. En menor medida, con más desconfianza, cada vez con menos capitales externos, pero este país mantiene el estatus de un mercado emergente disciplinado y respetuoso de las leyes. Entre ellas, las de la democracia.

No gustan los decretazos contra las empresas privadas y las contrarreformas del sector energético, pero queda la confianza en que esa misma SCJN hará valer el texto constitucional. Desgastan y espantan a las nuevas inversiones, pero no hay la expectativa de que estas ideas populistas se sobrepongan a lo que dicen las leyes.

Hoy México tiene enormes focos rojos encendidos en materia financiera, básicamente con la situación de Petróleos Mexicanos y con los desequilibrios fiscales ante un gasto asistencialista desmedido del gobierno federal.

Llevamos todo lo que va del Siglo XXI con una estabilidad macroeconómica que se puede perder con más facilidad de lo que se cree y, además, muy rápido.

Esa ampliación ilegal del plazo como presidente de Zaldívar al frente de la SCJN es mucho más que una ocurrencia de última hora de un senador del Partido Verde y el voto supuestamente descuidado de un grupo de priistas. Es una verdadera señal de alarma en estos momentos en que claramente la 4T ha acelerado el paso en este año de su agenda más radical.

enrique.campos@eleconomista.mx

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.

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