En el terreno económico es muy probable que estos 17 días de deportes y medallas no marquen una diferencia en la recesión que vive el Reino Unido actualmente.

Se acabó la fiesta y ahora hay que hacer cuentas de lo que la organización de los Juegos Olímpicos dejó para la ciudad y para el país completo.

Los británicos pueden estar conformes con el desempeño de sus atletas, que les han entregado un maravilloso tercer lugar en el medallero, con 29 preseas de oro, por arriba de Rusia y Alemania.

Un aspecto básico que ha sido todo un éxito es la difusión de la cultura británica. Las ceremonias de inauguración y clausura, así como todos los trabajos periodísticos periféricos al deporte, llevaron la cultura inglesa al resto del mundo. Y no se trata simplemente de la catapulta para la música inglesa que permitió a los jóvenes que conocieran a The Who y a los más viejos escuchar a One Direction.

Uno de los grandes logros de imagen de los ingleses fue reposicionar a la que ahora es la más famosa chica Bond: la reina Isabel II.

Está claro que hacia dentro de ese grupo de países integrados en el Reino Unido, la imagen de la realeza ha sufrido un deterioro y en especial la reina, tras la insensibilidad mostrada tras la muerte de la princesa Diana.

Y hacia afuera, la figura deja de ser un tótem y se convirtió en un ser humano empático con sus súbditos y el resto del mundo.

Pero, en el terreno económico, es muy probable que estos 17 días de deportes y medallas no marquen una diferencia en la recesión que vive el Reino Unido.

Es un evento diseñado para la televisión y, aunque vimos llenos el Estadio Olímpico y el Estadio de Wembley, la realidad es que las expectativas apuntan a que el número de visitantes no se incrementará en las cifras globales de todo el país.

Es posible que haya un impacto estadístico positivo para la economía que, sin embargo, será meramente cosmético. Y esto, porque las autoridades financieras decidieron que la venta de todos los boletos para los diferentes eventos de los Olímpicos se contabilizarán durante este tercer trimestre.

Esto implica que los boletos que se vendieron el año pasado y a lo largo de todo el inicio de este año se contabilizarán en este periodo, aunque ese dinero ya esté ingresado y gastado.

Los Juegos Olímpicos de Londres implicarán para los contribuyentes un costo de casi 15,000 millones de dólares que se han cubierto en una parte con deuda.

La parte positiva es que Londres contará con una mejor infraestructura, no sólo deportiva, sino urbana, que deja a la capital una ventaja con cargo a todos los habitantes de la isla.

Es imposible dejar de pensar en Grecia, que -en ese afán de querer contar con unos Juegos Olímpicos- recurrió a la deuda como la forma de dotar a Atenas de la infraestructura mínima indispensable para ser una sede. Lo lograron decorosamente, pero la deuda acumulada acabó por derribar esa economía.

De lo que no queda duda es de que el sector comercial, restaurantero y, en general, turístico de Londres tienen buenos números que presumir. Aunque claro está que el gran ganador de la medalla de oro de esta justa olímpica es el sector de la construcción.

Porque además, el desarrollo de la infraestructura quedó en su mayoría en manos de empresas británicas como una forma de beneficiar la economía local y no a los grandes competidores globales.

Un triunfador que no tendrá beneficios económicos por ahora pero sí mucho impacto político es el alcalde de Londres. Boris Johnson emergió como una figura contrastante con el bajo perfil del primer ministro David Cameron, quien tuvo que dejar su casa de Downing Street porque la fiesta del voleibol playero no lo dejaba dormir.

Johnson fue puesto en los ojos del mundo por un candidato presidencial que no sabe medir sus palabras. Y es que cuando Mitt Romney, el republicano que quiere gobernar Estados Unidos, dijo que Londres no estaba lista para organizar unos Juegos Olímpicos, puso un reto al alcalde que sólo de daba dos opciones: fracasar o triunfar. Y triunfó.

Inglaterra tuvo un gran triunfo al rechazar la moneda única europea; hoy, logra una imagen positiva con la excelente organización de unos Juegos Olímpicos impecables, los londinenses han recuperado su ciudad con más infraestructura y tienen un alcalde con ganas de gobernar la nación.

Y como colofón, tienen hoy un importante grupo de bandas de rock y pop que han recobrado fama mundial y una reina que, aunque difícilmente se le escapa una mueca de empatía con sus súbditos, se ganó al público con su papel de chica Bond.

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