Así como no es difícil concebir que un experto en marchas y manifestaciones, como Gerardo Fernández Noroña, se convierta en Diputado de las llamadas izquierdas, parece no ser tan extraño que un dirigente empresarial termine como legislador del PAN.

Son muchos los casos de dirigentes empresariales que después de representar a diferentes organismos del sector privado han pasado a engrosar las filas de la política mexicana. El PAN ha sido el principal impulsor de estos personajes a la política pero también el PRI ha tenido en su bancada de exlíderes del sector privado.

Entre los casos más notables está el mismo Manuel de Jesús Clouthier, quien después de ser dirigente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) fue candidato del Partido Acción Nacional a la Presidencia de la República.

Otro buen líder de la Iniciativa Privada (IP) que rápidamente se encumbró ante sus habilidades negociadoras fue el también presidente de ese sindicato patronal que es la Coparmex, Carlos Abascal Carranza, quien fue Secretario de Gobernación en el último tramo del gobierno de Vicente Fox.

Desde las filas del PRI otro dirigente del CCE que llegó lejos fue Eduardo Bours quien fue Gobernador de Sonora y que terminó estigmatizado por la tragedia de la guardería ABC.

Éstos son sólo tres casos destacados de personajes de primera línea. Ha habido otros menos relevantes, más bien mediocres, pero no por ello menos recompensados.

Dirigentes grises de la cúpula empresarial, pero que sirvieron en tiempos de campaña y que, repentinamente, se encuentran recompensados, por ejemplo con la Presidencia de empresas relevantes del aerotransporte.

Claro que no es mala idea que los que saben del sector privado lleguen a puestos de representación popular. De hecho, durante las últimas legislaturas había habido una notoria ausencia de representantes de la Iniciativa Privada.

Las organizaciones del sector privado, como son las cámaras y sus confederaciones, habían perdido mucha fuerza, en buena medida por la ambición de sus dirigentes, que trabajaban más por su causa que por la gremial. Pero tal parece que para la siguiente Legislatura podrían regresar los diputados de la IP.

Al menos, el que parece que ya amarró un lugar para ocupar una curul en la siguiente Legislatura es Mario Sánchez Ruiz, actual Presidente del Consejo Coordinador Empresarial.

Sánchez entra por la vía fácil, que es la envidia de muchos políticos, la de los diputados de representación proporcional o sea, entre los plurinominales que tienen una alta garantía de llegar.

Y qué bueno que el sector privado pueda tener un buen representante como Mario Sánchez en San Lázaro, porque vaya que les hacía falta una voz en el Congreso.

Sobre todo los dirigentes de las agrupaciones de empresas pequeñas y medianas, como Canacintra o Concanaco. Porque las grandes empresas tienen de hecho legisladores afines que representan no de manera abierta pero sí muy efectiva sus intereses.

Lo que hace falta, más allá de encumbrar a determinadas personas, es que las organizaciones del sector privado recuperen una fuerza de representación que han perdido de manera notoria.

Desde los años 70 cuando personajes del calibre de Juan Sánchez Navarro elevaron la voz en contra de las políticas populistas de gobiernos como el de Echeverría o López Portillo, los organismos cúpula crecieron y cobraron mucha fuerza, sobre todo en los años de las crisis.

Sólo que dicen que para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo y cuando llegó un Presidente de corte proem-presarial como Carlos Salinas de Gortari, pues se encargó de doblegar el poder de representación de estas organizaciones.

Cuando México vivía su crisis al estilo griego y tenía que aplicar planes de austeridad para corregir sus finanzas, los organismos del sector privado empeñaron toda su credibilidad en la firma de los pactos económicos, que funcionaron pero resultaron en un desgaste de su fuerza.

Durante la parte final de los 80 y la primera mitad de los 90 los pactos estabilizaron la economía, pero debilitaron la representación empresarial.

El 9 de marzo de 1995 el sector privado se vio obligado a respaldar un nuevo pacto tras la crisis de diciembre del año anterior. En ese entonces sólo el presidente de Coparmex, Antonio Sánchez Díaz de Rivera se habría negado a firmar el acuerdo. Los demás se alinearon.

Total que empieza a conformarse la cara de la siguiente Legislatura y la representación empresarial, a través de Mario Sánchez Ruiz, puede ser una buena noticia si realmente este personaje lleva la voz del sector y no sólo la de sus intereses personales, como muchos otros antecesores.