Durante el año 2021, uno de los fenómenos observados en Estados Unidos que algunos expertos vaticinan pronto alcanzará a ciertos sectores de los trabajadores mexicanos es el de la llamada “Gran dimisión” (The Great Resignation), que se refiere al éxodo de trabajadores de diferentes tipos de industria, que renunciaron a sus empleos en lo que va del año.

Parte de este fenómeno se explica porque una vez que los empleados que hicieron trabajo desde sus casas experimentaron un uso del tiempo de manera diferenciada a raíz del confinamiento. Entre el estrés de la incertidumbre, también muchos trabajadores pusieron en la balanza el estilo de vida pre pandemia, en el que prácticamente el uso del tiempo en un día de trabajo estaba destinado a trasladarse a su lugar de trabajo, pasar el día entre muros y regresar a casa. Los empleados entre los 30 a los 45 años son quienes presentaron mayor cantidad de renuncias a sus trabajos. Estas renuncias evidentemente, no fueron proporcionales según el tipo de industria.

En la industria de la salud y en la de tecnología, fue donde se observaron mayor cantidad de renuncias, seguido de industrias que comprenden modelos de negocio en los que se supone, que el cliente final tiene que estar en un lugar y momento determinado para recibir el producto o servicio que está pagando, como lo es la industria restaurantera, la de espectáculos y la de viajes.

Estas renuncias han planteado reflexiones en dos vías: la primera, es aquella que involucra repensar el modelo de negocio y adaptarlo a los nuevos tiempos. Tal es el caso por ejemplo, de los negocios como supermercados, que apostaron a la experiencia de compra en línea (que se venía ya ofreciendo antes de la pandemia, pero que creció significativamente a raíz de ésta).

Los lugares de la industria restaurantera enfocados en las experiencias, fueron quienes batallaron más no sólo para mantener los empleos de los trabajadores, sino para adaptarse a un modelo de negocio en el que no se apostara por la experiencia, pero sí por el producto. Algunos pudieron sobrevivir a la pandemia echando mano de ventas remotas de alimentos.

La segunda vía, involucra una reflexión sobre las formas de consumir y los estilos de vida de los trabajadores. La hiperproductividad y la vida de oficina nunca habían sido tan sacudidas y también tan cuestionadas. Síndromes de agotamiento, estrés y ansiedad ya eran descritos como algunas de las epidemias venideras antes del confinamiento. El confinamiento demostró a los empleados que probablemente el estilo de vida que llevaban hacia ese momento no los estaba haciendo más felices, o por lo menos, menos estresados. Y también, muy probablemente demostró a algunas empresas que la productividad de los empleados comprometidos no está dada por las horas que pasan sentados en un escritorio en un ambiente aparentemente controlado.

Hoy la industria de la salud, la tecnológica y la restaurantera en Estados Unidos, enfrentan el dilema de poder retener a sus empleados ofreciendo mejores condiciones de trabajo. Algunas publicaciones especializadas están ya ofreciendo alternativas y vías de solución a los empleadores y empleados acerca de este tema. Y entre todos los males que trajo la pandemia, probablemente este cambio en la mentalidad de la forma de trabajar pueda ofrecer por lo menos, mejores condiciones de vida a trabajadores que antes de la pandemia, literalmente no veían la luz del día.

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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