QUIMERA. El temblor de ayer sacudió más que las entrañas de la tierra. Mire si no, lo que le pasó a Lucía Méndez, que tras el zarandeo afirmó en Twitter que el sismo es el comienzo de la limpia que Cristo hará con la gente mala. Confundida entre las fuerzas de la naturaleza y la iglesia, afirmó que eso está bien claro en la Biblia.

JAULA. Resbalón tras resbalón. La aspirante presidencial blanquiazul, Josefina Vázquez Mota, mostraba orgullosa su foto con Mario Vargas Llosa y no esperaba los errores que vendrían. Resulta que los muy afanosos muchachitos enviaron un correo electrónico sobre la reunión que decía: Extracto de las palabras pronunciadas (…) por el Premio Nobel de la Paz durante la presentación de la precandidata... . Eso sí, este equipo va que vuela a especializarse en hacer correcciones de sus no gratas equivocaciones. ¡Ya mejor que se fijen!, ¿no?

CUCHILLOS. Otros que parecen afectados por las sacudidas son aquellos que afirman que Peña Nieto le tiene miedo al polígrafo. Resulta que un vocero del PAN, Carlos Alberto Pérez Cuevas, acusó al aspirante tricolor a la Presidencia de eludir las pruebas poligráficas que descarten si tiene o tuvo alguna relación con el crimen y que determinen que está limpio. Josefina ya lo hizo . Según el blanquiazul, estos exámenes son vitales, pues aquel que aspira a un cargo público tiene que demostrar que no tiene vínculos con la delincuencia .

BALA. En otro caso de justicia, Simón Charaf, presidente de Ya Basta de Abusos de Televisa AC, le envió una carta al presidente Calderón. En el texto asegura que los montajes y abusos de la televisora están dañando al país y pone como ejemplo el caso de Florence Cassez. Asevera que es responsabilidad de todos los mexicanos apoyarlo en su clamor de justicia, pero ¿cuándo le pondrán un alto a los abusos que, cuando son descubiertos, ponen en evidencia la impunidad que impera en el país y la inacción de las autoridades?, se pregunta.

ENANOS. Un estado, dos caminos. En Guerrero, un activista y un exfiscal tuvieron suerte diferente. Primero, el Tribunal de justicia estatal ordenó la libertad del dirigente indígena Maximino García Catarino, pues el juez no valoró las pruebas ofrecidas por el detenido y tampoco observó las contradicciones de los testigos. En cambio, Alberto López Rosas vio cómo se acabó el poder de su pata de conejo cuando el juez le dictó auto de formal prisión por obstruir la investigación del desalojo de estudiantes de Ayotzinapa.

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