De repente la confianza de mercados y analistas sobre la fortaleza de la recuperación en marcha de la economía global se redujo sustancialmente como resultado de las crisis de riesgo soberano de Europa y del euro. En un cambio de postura importante, los ministros de Finanzas del Grupo de los 20 (G-20) recomendaron a los países de déficit y deuda pública elevada la adopción de políticas fiscales restrictivas hace un par semanas. En mi artículo de la semana pasada argumente, que una aplicación simplista y generalizada de esta medida sería contraproducente en una economía que todavía sufre a nivel global de un déficit de demanda. Igual que en el caso de la política fiscal, la estrategia monetaria deberá ajustarse en los próximos meses.

Cada país o región deberá recalibrar la postura de política monetaria de acuerdo con sus circunstancias. En las economías emergentes de fuerte crecimiento, China, India, Brasil, Australia, Noruega y Canadá ya inició el ciclo de restricción monetaria, en cambio en Europa, donde el crecimiento es débil y frágil, el banco central tiene la obligación de relajar la política monetaria. ¿Qué sucederá con la política monetaria estadounidense?

La próxima semana es el turno al bate de la Reserva Federal (Fed). Nadie espera un cambio en la tasa de interés objetivo, pero los mercados estarán atentos a su evaluación de las perspectivas de la economía y su balance de riesgo, en particular a una pista sobre cuándo comenzarán a subir la tasa de interés. A principios de año se apostaba a noviembre; hoy, después de la crisis europea, se calcula que no sucederá antes del segundo trimestre del próximo año. Incluso podrían permanecer sin cambios hasta el año 2012 si la economía se debilita.

Hasta el momento, la política de la Reserva Federal ha tenido éxito. Logró rescatar del colapso al sistema financiero estadounidense y limitó la profundidad y duración de la recesión, la peor desde la posguerra. La Fed enfrentó el pánico inyectando una cantidad sin precedente de liquidez en su función de prestamista de última instancia. Para contrarrestar la recesión, redujo su tasa de interés de política a cero y adoptó una política no convencional de relajamiento cuantitativo.

Todo esto generó una tremenda expansión de su hoja de balance y cambió su composición. En diciembre del año 2007, cuando inició la recesión, sus activos eran de 855 millones de dólares, casi todo en bonos del Tesoro estadounidense, ahora son 2.3 trillones de dólares e incluyen bonos hipotecarios (1.1 trillones), papel comercial, deuda de las agencias hipotecarias del gobierno y desde luego bonos del Tesoro estadounidense.

Esta política de objetivo cuantitativo, se calcula, redujo entre 0.5 y 0.5% las tasas de interés de largo plazo.

El proceso de normalización de política monetaria requiere que la Fed ajuste simultáneamente la tasa de interés y el tamaño de su balance. Esto sucederá de acuerdo con la marcha de la economía. A un ritmo de crecimiento de un rango de 3.2 a 3.5% durante los próximos dos años, la brecha del producto será negativa hasta el año 2012, cuando se calcula se recuperarán los empleos perdidos en la recesión. La inflación y las expectativas de mediano plazo son bajas. En este contexto estimo que en su anuncio de política de la próxima semana, la Fed repetirá su tradicional mantra, las condiciones económicas requieren que las condiciones monetarias se mantengan relajadas durante un tiempo prolongado.

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