Durante las últimas semanas se ha extendido el fuerte incremento en los precios de los commodities alimenticios y el petróleo, planteando un predicamento crucial para el rumbo de la política monetaria de Estados Unidos.

Debemos recordar que a raíz de la crisis financiera del 2008-09, la Fed se ha embarcado en el experimento de política monetaria más grande de la historia, bajando las tasas de interés de corto plazo a cero y convirtiéndose en un gran proveedor de liquidez.

La Fed se ha visto obligada a usar todo su arsenal de herramientas de política monetaria y más, aplicando medidas menos ortodoxas como la impresión de miles de millones de dólares en billetes y monedas que se han destinado a la compra de bonos del Tesoro de EU.

Las medidas de emergencia de la Fed y otras autoridades financieras lograron evitar que la gran recesión del 2008-09 se convirtiera en una nueva Gran Depresión, pero la tarea no está totalmente cumplida.

Muchos expertos coinciden en que la recuperación económica en EU no será completamente sustentable hasta que se logren mayores avances en materia de empleo y se observe una recuperación del mercado residencial.

Aunque el PIB de EU ya ha recuperado su nivel precrisis, la tasa de desempleo de 8.8% se encuentra todavía muy lejos de sus niveles precrisis de 5 por ciento. En la primera conferencia de prensa, presidida por el presidente de la Fed para explicar la decisión de política monetaria, Bernanke mencionó que la recuperación económica es moderada y que aún hay señales de debilidad importantes.

Dicho anuncio viene después de la publicación de los datos del PIB del primer trimestre del 2011 que mostraron una desaceleración importante a una tasa de 1.5 por ciento.

Aunque el alza en los precios del petróleo y de los alimentos está obligando a varios bancos centrales a reevaluar su postura y comenzar con el retiro de los estímulos monetarios de manera anticipada, la Fed parece no tener ninguna prisa.

Aunque la Fed está consciente de las presiones inflacionarias, su evaluación es que éstas son de un carácter más bien transitorio.

La lectura de la Fed es que la inflación viene de choques externos por el lado de la oferta y no por un sobrecalentamiento de la demanda agregada.

El principal argumento de la Fed para mantener las tasas en su nivel actual es que aún existe un alto nivel de capacidad ociosa en mercados claves de la economía, como el laboral.

Se podría argumentar que, para la Fed, es más preocupante el impacto sobre el crecimiento económico del alza en los precios de los combustibles que su impacto en la inflación.

Por más que la Fed suba sus tasas de interés, sería difícil ver una disminución en los precios del petróleo y de los combustibles, pero sí sería muy probable ver un impacto negativo en el crecimiento económico a raíz de una política monetaria más restrictiva.

Aunque la principal tarea de cualquier banco central es el combate a la inflación, la Fed tiene un doble mandato: debe buscar la estabilidad de precios, pero también procurar que la economía crezca lo suficiente para que el desempleo no se aleje demasiado de su tasa natural.

Es por esto que a pesar de las voces de alarma inflacionaria, la Fed ha mantenido y muy probablemente siga manteniendo como principal objetivo crear las condiciones propicias para que la incipiente recuperación eche raíces y se vuelva autosustentable.