Muchos pensaron que el presidente de la Reserva Federal (Fed), Ben Bernanke, había fumado algo prohibido cuando en una reciente conferencia de prensa dijo que esta institución apoya la política de un dólar fuerte del Departamento del Tesoro. ¿Un dólar fuerte? Aunque bajo casi cualquier métrica el dólar es una moneda débil, quizás Bernanke se refería a su poder de compra en términos de la canasta de consumo subyacente de EU, de los precios de los bienes raíces y, sobre todo, de trabajo.

El dólar, como la política monetaria, se mueve de acuerdo con patrones cíclicos. Desde los años 80 se identifican cuatro periodos de alzas y bajas con duración media de aproximadamente ocho años. En el periodo que va de 1980 al acuerdo del Hotel Plaza en 1985, el dólar aumentó en términos reales 45.4% versus una canasta amplia de monedas de sus socios comerciales, soportado por la política monetaria restrictiva de la Fed de Paul Volcker. Entre 1985 y la recesión de 1991, el dólar cayó 32.4 por ciento.

Entre 1991 y el 2002, repuntó 24.7 por ciento. A partir de entonces, ha caído 26.7%, resultado de las políticas expansivas de la Fed de Greenspan y Bernanke. Hoy, el dólar cotiza versus otras divisas en el nivel más barato de la historia reciente.

Igual, las mercancías básicas o commodities siguen patrones cíclicos. En la estanflación de los años 70, los temas de moda eran el choque petrolero y los altos precios de las mercancías agrícolas y minerales. Entonces, los precios del petróleo, el oro y la plata alcanzaron en términos reales niveles récord a los que se regresa ahora 30 años después.

La política monetaria restrictiva de la primera parte de los 80 destruyó el auge de los commodities y creó crisis macroeconómicas severas en México, Rusia e Indonesia por la caída del precio del petróleo y en Brasil y Argentina, producto del derrumbe de los precios agrícolas. En cambio, en Estados Unidos y otros países desarrollados generó desinflación. Desde el 2003, con breve interrupción en medio de la crisis financiera, los precios de las mercancías están de vuelta ahora, apoyados por la nueva debilidad del dólar y el crecimiento de China.

Los ciclos del dólar y de los commodities están correlacionados y los genera en una proporción importante la política monetaria de la Fed. El modelo de sobreajuste de Rudiger Dornbusch aporta una buena explicación de esta conexión. Los precios de las divisas y de las mercancías responden rápidamente a las noticias en tanto que los salarios, los precios industriales y de los servicios se mueven lentamente. Esto permite a la Fed y a la mayoría de los bancos centrales controlar, durante un tiempo, la tasa de interés real, que es el determinante principal de costos de acarreo de las inversiones en divisas y mercancías.

Cuando el banco central baja la tasa de interés nominal, baja la tasa de interés real, lo que hace que el dólar caiga hasta que es lo suficientemente barato respecto de su fundamento. A partir de entonces, vuelve a ser acumulado, soportado por expectativas de apreciación. En el caso de las mercancías básicas su precio se eleva hasta que sean lo suficientemente caras respecto de sus fundamentos. Cuando alcanza este nivel dejan de ser acumuladas y se forman expectativas de depreciación.

A pesar de la fuerte corrección en el precio de las mercancías y el rebote del dólar de la semana pasada, no creo que hayan cambiado la tendencia. Mientras la Fed mantenga las tasas de interés cerca de cero y los mercados inundados de liquidez, el dólar seguirá débil y las mercancías fuertes.

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