¿Podría la Reserva Federal (Fed) subir su tasa de interés de referencia por primera vez en casi una década en su reunión de diciembre próximo?

¡Claro que puede! Es su facultad y obligación hacerlo si las condiciones económicas así lo ameritan. Tendría que dar explicaciones, pero no pedir permiso para hacerlo. ¿Habrá las condiciones para que se eleve antes de que termine el año la tasa que actualmente se mantiene en un nivel entre 0 y 0.25 por ciento?

Podrían los banqueros centrales estadounidenses decidir que un primer aumento de un cuarto de punto a la tasa de interés sería una medida preventiva para iniciar el proceso de corrección de su política monetaria, sin tener como respaldo los datos que tanto monitorean. Lo pueden hacer.

El sentido común y lo que todo el mundo espera es que sean los datos económicos los que avalen cualquier decisión de la señora Janet Yellen y el resto de los tomadores de decisiones.

Quedan 45 días antes de la reunión de mediados de diciembre de la Fed para conocer datos del desempeño de la economía estadounidense para apostar si el Comité Federal de Mercado Abierto moverá o no su tasa de interés.

Los datos más relevantes que habremos de conocer en estos días serán las nóminas no agrícolas de octubre, el viernes de la próxima semana, y los datos de noviembre a ser revelados a principios de diciembre.

Otros indicadores como actividad industrial, la revisión del PIB, consumo, inicio de construcciones, en fin, todo aquello que permita una radiografía económica. Pero el empleo es el indicador líder para quien cuida inflación y crecimiento.

Porque el otro indicio que busca la Fed no será un tema el resto del año. La inflación se mantendrá lejos de la convergencia hacia 2% y más bien seguirá en el nivel actual cercano al cero. Pero, ¿por qué si el sentido común no se alinea con un aumento este año, la Fed deja abierta esa posibilidad?

Una razón es que el banco central de Estados Unidos pudo haber asumido la postura del velador que avisa que está vigilando con un silbido, como para advertir que los que están alrededor no hagan nada malo.

Si a estas alturas del año la autoridad garantiza que no habrá incrementos al costo del dinero por algún tiempo, fomentaría el regreso de algunos de los excesos que se cometieron durante aquellos tiempos de los dólares baratos. Esto implicaría desperdiciar toda la corrección que ya se ha emprendido durante los meses recientes.

Por eso habría quitado de su radar el monitoreo de la economía china como un elemento fundamental para su toma de decisiones. Lo que ocurra con esa enorme economía es determinante, pero está totalmente fuera del control de la Fed, que gusta de ser todopoderosa.

Entonces, si desde octubre los banqueros centrales le dicen a los mercados Merry Christmas, seguro que éstos organizarían unas preposadas espectaculares. Así que un poco de precaución, o de miedo, no le viene nada mal a una corrección monetaria que se antoja compleja por lo inédito y osada de lo hecho con los dólares y las tasas durante todos estos años.