Ayer, el Comité de Mercado Abierto de la Fed (FOMC, por su sigla en inglés) dio a conocer su primer anuncio de política monetaria del año, manteniendo la tasa de interés sin cambios, en línea con lo esperado por el mercado. Sin embargo, la mayoría de los observadores estaban a la espera de señales en el comunicado de prensa con respecto a posibles cambios en el panorama económico, dada la creciente incertidumbre alrededor de las decisiones de política económica y comercial de la nueva administración.

No obstante, el comunicado de prensa publicado por la Reserva Federal (Fed) no presentó cambios sustanciales con respecto al emitido en la reunión de diciembre. Esto quiere decir que, por el momento, los miembros del FOMC mantienen como escenario base uno de incrementos graduales de la tasa de fondeo durante el año.

En específico, en la reunión de diciembre, la Fed mandó una señal al mercado de que esperaba realizar tres alzas en la tasa de referencia de un cuarto de punto cada una durante el 2017 y que el siguiente movimiento probablemente ocurriría en la primera mitad del año.

A pesar de que la Fed reconoció una continua mejoría en los índices de confianza del sector empresarial y una dinámica inflacionaria que tiende a una mayor convergencia con la meta de la Reserva después de años de estar por debajo de dicha meta esta postura es una de cautela ante el inusitado grado de incertidumbre que hay sobre el rumbo de las decisiones de política económica del nuevo gobierno.

Aunque la Fed mantuvo un tono cauteloso, varios de los miembros del FOMC han declarado públicamente que si la nueva administración persigue una política fiscal expansiva caracterizada por una reducción en los impuestos y un aumento en el gasto en infraestructura la probabilidad de mayores incrementos en la tasa de referencia sube considerablemente. Si a esta situación añadimos la posible implementación de barreras arancelarias a las importaciones de ciertos productos y su impacto en los precios de los bienes importados, la dinámica inflacionaria podría acelerarse, forzando a la Fed a actuar de manera aún más agresiva.

En un reciente discurso, Janet Yellen, presidenta de la Fed, reconoció que diferir el alza de tasas en un entorno económico de mayor dinamismo podría ser riesgoso y poco sabio, ya que el banco central no puede quedarse atrás de la curva, permitiendo que las expectativas inflacionarias se deterioren. Asimismo, reconoció que la inacción de la Reserva podría generar la necesidad de incrementos agresivos, en lugar de graduales, en la tasa de referencia en el futuro, lo cual podría tener consecuencias importantes sobre los mercados.

Aunque una Fed más agresiva seguramente traería una mayor apreciación del dólar y mayor volatilidad en los mercados financieros, las decisiones de política económica de la nueva administración serán claves para definir el rumbo de las decisiones de política monetaria de la Fed. Entre más expansiva y más proteccionista sea la política económica de la nueva administración, las decisiones de la Fed tendrán que ser más restrictivas.

Lo paradójico es que parte de la retórica del nuevo gobierno, detrás de una reducción en las tasas impositivas y la implementación de aranceles, es reducir el déficit comercial de Estados Unidos, pero si estas decisiones llevan a una Fed más restrictiva, la consecuente apreciación del dólar hará prácticamente imposible que se reduzca el déficit comercial.