La mediación es un recurso de la justicia y una expresión democrática de la misma, pues en ella las personas participan directamente en la construcción de soluciones a sus conflictos.

En México, al igual que en la mayoría de las naciones, los esquemas de justicia tradicional han sido rebasados por el crecimiento demográfico, el proceso de globalización, el alto grado de complejidad de los asuntos que se ventilan en los tribunales, así como por la creciente pobreza y marginación que está ya presente en todos los rincones del planeta. Por ello, el litigio no parece ser la solución para una buena parte de los problemas legales.

El litigio es un procedimiento adversarial, una guerra civilizada en dónde siempre alguien sale herido, donde hay siempre un ganador y un perdedor. Parece un laberinto deshumanizado.

Esa situación no puede ser resuelta solamente con la creación de más tribunales, sino con la expansión y consolidación de los mecanismos alternativos de solución de controversias, particularmente, la mediación.

Los mecanismos alternativos de solución de controversias no sólo fomentan la participación activa de la ciudadanía, presentan, además, algunas ventajas sobre los procedimientos judiciales formales, entre ellas: benefician a todos los integrantes del conflicto; fomentan la transigencia, la tolerancia y la capacidad de negociación; aseguran agilidad, eficiencia y certeza jurídica a muy corto plazo; permite que las partes en conflicto se desinhiban y discutan sus puntos de vista con amplios márgenes de libertad y amplían el acceso a la justicia.

Los más conocidos mecanismos alternativos de solución de controversias son los siguientes:

La negociación, en ella los involucrados pretenden llegar a un acuerdo que ponga fin a la disputa, sin necesidad de que intervengan terceros como pueden ser los juzgadores, árbitros o mediadores.

La conciliación, es importante que el conciliador sea de preferencia un perito en la materia del conflicto, ya que no se debe limitar a mediar entre las partes, sino que tiene la obligación de proponer soluciones específicas, a partir de un análisis profundo y profesional de los aspectos que componen la controversia.

El arbitraje es una especie de la heterocomposición, en la que el tercero, al que se denomina árbitro, no se va a limitar a proponer una solución a las partes, sino que va a disponer dicho arreglo a través de un fallo obligatorio al que se conoce como laudo.

La mediación es una negociación asistida por un tercero, un profesional en la materia, cuya labor es facilitar la comunicación entre las partes en la que las decisiones que se tomen y los acuerdos que se acepten, sean construidos por los involucrados. No decide ese tercero, no es el mediador quien decide. Sin embargo, la experiencia de 18 años en el sistema de justicia mexicano ha demostrado que la mediación es el procedimiento más eficaz, ya que son los propios intervinientes quienes gestionan la solución de su conflicto y en consecuencia aumenta significativamente el cumplimiento de los acuerdos, a diferencia de la conciliación, en la que en ocasiones se afirma que la solución se admitió, pero que en todo caso fue una propuesta de los facilitadores.

*El autor es abogado y mediador profesional.

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada