El Día del Maestro se conmemora a las personas que se dedican a la docencia. En prácticamente todos los países se ha definido un día para celebrarlo, en México es el 15 de mayo.

Al maestro se le confía la transmisión del conocimiento de generación en generación. Instruye a nuestros hijos desde sus inicios, inculcándoles valores que les servirán para ser buenas personas. Cumple su función de forma prácticamente anónima y poco reconocida por la sociedad.

Del maestro dependen los cimientos sobre los que se sostienen los futuros ciudadanos de nuestra patria. Enseña a los niños y jóvenes a leer, a escribir, a sumar, a multiplicar, a formarse como técnicos o profesionales.

En México existen maestros para la educación preescolar, la básica, la media superior, la técnica y la universitaria. Existen escuelas públicas y privadas en todos los niveles.

El maestro que trabaja en la educación básica a cargo del Estado ha sido organizado en dos sindicatos nacionales y algunos estatales. Uno de ellos el SNTE que, como se sabe, es el sindicato más grande de América Latina. También está la CNTE que surgió como una organización disidente del otro.

El magisterio organizado es un factor político de gran magnitud que ha sido utilizado en los procesos electorales en apoyo o en contra de determinados partidos políticos como voto corporativo. También se le ha utilizado como carne de cañón para la organización de bloqueos, marchas y protestas. Acciones ajenas a la vida escolar que han dejado a millones de niños y jóvenes abandonados en sus escuelas, sin clases. ¿Qué futuro se construye de esa manera?

Por su parte, los padres de familia se han organizado, entre otras cosas, para restar autoridad al maestro, sobre todo en el salón de clases. La disciplina en la escuela se ha relajado de tal suerte que niños y jóvenes aprenden menos de lo que se necesita. Ello ha propiciado las condiciones para que surja la violencia en las escuelas.

Se añora y estimula el pase automático como fórmula de éxito. ¡Nada más falaz!

Ello ha menguado y deteriorado la figura del maestro y ha contribuido a que el compromiso que la sociedad ha conferido a la escuela, para propiciar el desarrollo integral de sus niños y jóvenes, se cumpla precariamente.

Es cierto que hoy debido al Covid 19 existen nuevos retos en la educación, pues los discontinuos esfuerzos del gobierno no lograron construir y menos consolidar los sistemas informáticos suficientes y eficientes, ni dotar a escuelas ni a estudiantes del equipamiento y adiestramiento indispensables para poder aspirar a una educación a distancia generalizada.

También lo es que las condiciones que hoy prevalecen no serán eternas. Es equívoco pensar y proponer que habremos de vivir y convivir para siempre con las restricciones que hoy exige el evitar contagios. Sin duda habremos de padecer esta situación por un periodo aún incierto, pero no permanente.

Por ello, al regresar a clases en las escuelas, no debemos olvidar que la violencia escolar es un problema creciente, ha cobrado deserciones y muertes en alumnos de diferentes escuelas, mismas que han puesto en la mira el desempeño de todas las autoridades de una institución. En ello ha influido el mal desempeño de personas que se hacen pasar por maestros,

Es deber de todos, los docentes incluidos, el restaurar la figura del maestro pues es un elemento indispensable en la escuela misma que, junto con la familia y la comunidad, es uno de los pilares de la sociedad. Los ámbitos escolar, familiar y comunitario se encuentran íntimamente ligados, ya que lo que sucede en uno afecta al otro o a los otros.

Es importante recordar que las instituciones responsables de la socialización son la familia, la escuela y la comunidad. Dichas instituciones tienen el compromiso de propiciar el desarrollo integral de cada persona y la armonía de las relaciones de unos con otros. Es en esos ámbitos en los que se gestan las primeras manifestaciones de discordia y en donde se reproducen hasta escalar y convertirse en conflictos internacionales. Eso debe corregirse.

Una vía para coadyuvar a esa corrección y para restaurar el tejido social en la escuela es la mediación escolar que, como hemos comentado anteriormente, forma parte de la mediación social, junto con la mediación comunitaria y aún la familiar.

Donde hay mediación no hay violencia.

Como se dio cuenta en anterior entrega, la nueva Ley General de Educación da sustento y carta de naturalización a la mediación escolar, es el punto de partida para el diseño de una política pública de gran calado que establezca programas de facilitación del diálogo y de mediación escolar como estrategia eficaz para reducir la violencia en las escuelas y para mejorar la convivencia de los actores en la vida escolar, de sus familias y de sus comunidades. No podemos soslayar que el maestro es uno de los principales actores en toda escuela.

Como podemos deducir, la participación del maestro en esos esfuerzos es y será indispensable. Por ello es urgente fortalecer la figura que le corresponde al maestro en la sociedad.

La construcción de una cultura de la paz y de la concordia sólo es y será posible si se generaliza la práctica de diálogos democráticos en la escuela, ya que es en ese espacio donde se aprende a vivir en democracia como modo de vida y se producen las condiciones para la convivencia armónica en todos los demás ámbitos.

En México hemos pasado en los últimos 35 años por situaciones extraordinarias, esta experiencia del Covid 19 debemos capitalizarla para que, al volver a la normalidad, nos permita disfrutar de mejores formas de convivencia y de educación.

Rescatemos al maestro como factor de concordia.

Pascual Hernández Mergoldd es abogado y mediador profesional.

[email protected]

Twitter @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada