Aunque no sabemos lo que nos depara el futuro, debemos siempre hacer algo por la vida a favor de otros.

Dalai Lama

Las tensiones sociales se reflejan de muchas maneras y sus manifestaciones las tenemos a la vista con espirales de violencia que se expresan en asesinatos, secuestros y polarización que parecen no tener fin y que, sorprendentemente, son propiciadas o toleradas por el gobierno.

A lo largo de esta serie hemos abordado, desde diversas perspectivas, temas relacionados con la cultura de la paz y con la mediación. Hemos comentado eventos y condiciones prevalecientes que afectan a todos, sin dejar de insistir en la conveniencia de arribar al diálogo para construir y promover la cultura de la paz y de esa forma, sentar las bases para un mejor futuro.

Para entender mejor la conveniencia de adoptar la mediación como el mecanismo por excelencia para gestionar, prevenir y resolver los conflictos que se presentan cotidianamente, conviene dar un repaso en su historia.

Desde la antigüedad, en la vida del hombre no han faltado las controversias ni los conflictos. Por ello no es posible vislumbrar en forma precisa el inicio de la mediación. Existen, sin embargo, a lo largo de la historia, testimonios de momentos, culturas y sitios en el mundo en los que se ha utilizado la mediación como medio de resolución pacífica de controversias y conflictos.

Grupos étnicos y religiosos establecieron, en tiempos remotos, sus propios sistemas pacíficos para la gestión y resolución de desavenencias. Dichos sistemas se emplearon, sobre todo, para gestionar y solucionar los conflictos interpersonales con la intervención de un tercero, reconocido por las partes intervinientes, para que pudiera ayudar a los afectados por el conflicto o la controversia a dirimirlo de forma pacífica, sin necesidad de acudir a instancias ajenas al propio grupo al que pertenecían.

El término latino mediador (mediator) se ha utilizado desde el siglo II de nuestra era para referirse a la figura que media entre dios (dei) y el hombre (hominum). En la antigüedad tardía, la palabra también se usaba para referirse a personas que actuaban como defensores de otros. Incluso en la Biblia se encuentran referencias sobre el uso de mecanismos pacíficos de solución de conflictos. El moderno sentido de mediación es compatible con los valores bíblicos del perdón, la reconciliación y la comunidad.

En la actualidad vivimos en una sociedad en la que las controversias o los conflictos no son una excepción, forman parte de la normalidad. En nuestro país, lamentablemente, los conflictos se gestionan con mayor frecuencia de manera violenta. 

Está probado que un creciente cúmulo de conflictos o controversias precisan de un tratamiento distinto al del proceso judicial, los denominados mecanismos pacíficos de solución de controversias ofrecen esa opción, principalmente la mediación que es el procedimiento más flexible, creativo y abierto, pues lo que pretende es hacer compatibles los intereses de las partes conflictuadas para gestar soluciones en las que todas resulten ganadoras.

Por eso es esencial continuar impulsando esa transformación cultural para que la solución de las controversias o conflictos puedan encontrarla, con su participación personal, quienes están involucrados directamente en una controversia y de esa forma construyan un mejor futuro.

En la mediación se tiene la oportunidad de que, en un enorme universo de asuntos, al emplear un diálogo democrático, las personas superen sus diferencias y gestionen exitosamente las soluciones a sus conflictos. De esa forma se propicia la transformación de la tensión que generan las controversias y los conflictos, en una gestión institucionalizada con soluciones pacíficas y legítimas para los mismos.

Podemos afirmar que uno de los pilares para actuar con visión de futuro es la utilización del diálogo para superar la polarización y los desencuentros que se han propiciado, principalmente, desde Palacio Nacional.

No parece conveniente que el Presidente López Obrador continúe intentando implantar modelos del siglo pasado que se aplicaron en circunstancias totalmente distintas a nivel nacional y mundial. Tal es el caso de la concentración del poder que incluye el debilitamiento de equilibrios y que pretende también incluir la actividad empresarial, acciones que se sustentan en la descalificación, denostación y bloqueo que se han traducido en conflictos innecesarios y nocivos para el desarrollo sustentable y pacífico que reclama el país.

A lo largo de la historia de México podemos encontrar casos de estatización o nacionalización, así como de privatización que fueron motivados, en uno u otro sentido, no siempre en atención al interés nacional sino a la decisión del poder para apoyar o sancionar a determinados empresarios o favorecer o castigar a grupos económicos o sociales. Históricamente ha quedado demostrado que el gobierno es más ineficiente como creador de riqueza que la iniciativa privada y ha estado absorbiendo una proporción demasiado grande de los recursos que genera el país sin que mejoren las condiciones de bienestar a nivel nacional.

El sector privado es una opción de asociación para participar en cuestiones que propicien el desarrollo. Desde luego, se debe comprender que lo público es aquello que nos compete a todos y que los servicios basados en la comunidad no sólo se traducen en la generación de ingresos sino en la mejora de los servicios, tanto en calidad como en coberturas.

Actualmente en México, en los tres órdenes de gobierno, existen casos exitosos de participación del sector privado en la ampliación de infraestructura y en la prestación de servicios públicos en los que los recursos financieros provienen mayoritariamente del sector privado. En este gobierno se ha preferido la aplicación de recursos públicos, cada vez más escasos, y confiado al ejército, entre otras muchas tareas, la construcción de infraestructura.

Uno de los casos exitosos de la participación del sector privado en la prestación de servicios públicos ha sido el modelo de Mediación Privada que fue diseñado, regulado e impulsado en el Distrito Federal por su Poder Judicial. Tristemente las actuales autoridades, en los hechos, han debilitado los servicios de mediación a cargo del Centro de Justicia Alternativa y -particularmente- los que corresponden a los mediadores privados, ello en perjuicio de la ciudadanía y de los profesionales que no pueden trabajar. Parece evidenciarse una ausencia de visión al futuro, pues cada vez habrá menos disponibilidad de recursos fiscales para financiar la prestación directa de los servicios de mediación desde el Centro de Justicia Alternativa, razón que hace imprescindible la participación de los mediadores privados, que no gravitan en el gasto público.

No se olvide que el odio es opuesto a la cultura de la paz. Es nuestro deber abordar tan delicado tema e insistir en el peligro que implica propiciarlo y en la necesidad de mitigarlo.

La construcción de una cultura de la paz y de la concordia sólo es posible con un contagio positivo que generalice la práctica del diálogo en todos los ámbitos de interacción social.

Entre más unidos estemos, seremos más fuertes, entre más divididos, más débiles.

*El autor es abogado y mediador profesional.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada

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