"Recuperarse mejor para un mundo equitativo y sostenible"

ONU, 21 de Septiembre Día Internacional de la Paz

El pasado 16 de septiembre conmemoramos un aniversario más del inicio de la guerra de independencia que culminó el 27 de septiembre de 1821. Desde entonces, y con base en la experiencia de la colonia y nuestra cultura precolombina, construimos nuestro país y sus instituciones. Adoptamos la forma de República federal con división de poderes y, más recientemente, se crearon organismos para garantizar los fines esenciales del Estado. Actualmente, la “transformación” que impulsa el gobierno se traduce, de manera peligrosa, en una desinstitucionalización de la República, de la Nación. 

Todo indica que el Presidente no es un constructor de instituciones, sino un político que mantiene una gran aceptación por lo que dice cada mañana y durante sus giras de fin de semana. Parece ser que sólo cuenta su palabra y no los resultados de su gestión.

En días pasados estuvieron de manteles largos en Palacio Nacional con sus invitados especiales, los dictadores de Cuba y Venezuela, además de otros jefes de estado y representantes de países que participaron en la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). De su membresía original, que incluyó a los treinta y tres países de América Latina y el Caribe, se retiró Brasil el año pasado por considerar que se “daba protagonismo a regímenes totalitarios.” Tal y como ocurrió en la reunión celebrada el sábado pasado.

Es de reconocerse que esa reunión latinoamericana, sin la presencia de Argentina, Brasil, Chile y Colombia, careció de potencia. 

Más que una CELAC lista para reemplazar a la OEA, vimos en la cumbre de México una organización dividida por un tema que ya debería haber quedado atrás, la democracia. Cuba, Venezuela y Nicaragua nos muestran la resistencia de las dictaduras a desaparecer de América Latina. Se trata de países que, bajo ningún punto de vista, se esté o no de acuerdo con su ideología, son democracias. Democracia sin libertad es una ficción.

La Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la CEPAL, quien participó en la reunión de la CELAC, hizo ver el error de nuestro gobierno al estigmatizar y bloquear a la industria farmacéutica nacional en el peor momento derivado de la pandemia del COVID 19. También propuso un plan de inversión para Centroamérica y el sur de México para atacar de raíz el problema de la migración, creando empleos bien remunerados para los habitantes de los países de la región. El único problema de esta propuesta son los recursos, pues se requiere la cantidad de 45 mil millones de dólares para llevarlo a cabo.

El Presidente López Obrador ha insistido al gobierno de los Estados Unidos en que se adopte su plan de reforestación “Sembrando Vida” así como su plan de becas a jóvenes “Construyendo el Futuro”, para fortalecer a los habitantes de los países de Centro América, planes que no han llamado la atención del gobierno norteamericano, probablemente porque no han mostrado su eficacia. 

En la “Declaración de la Ciudad de México” de la reunión de la CELAC se “Reafirma su compromiso de garantizar el pleno respeto de la democracia y la participación ciudadana, el Estado de Derecho, así como el respeto irrestricto a los derechos humanos, incluidos el derecho al desarrollo y el derecho a la paz …” De ser así, no parece congruente, por una parte, el trato que nuestro Mandatario ha dispensado a los gobernantes de Cuba y Venezuela, así como a la representante de Nicaragua; y por otro, el debilitamiento del Estado de Derecho, el menosprecio por la cultura de la paz y la concordia en nuestro país.

En otro punto se “Ratifica su más alto compromiso político en la lucha contra el cambio climático…” “… para lograr un equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras.”  Mientras tanto, la meta comprometida por México para reducir las emisiones de carbono en nuestro país está lejos de ser alcanzada, sobre todo porque hemos apostado por las energías sucias y despreciado las energías limpias.

Llama la atención que el inquilino de Palacio Nacional haya propuesto la creación de un fondo para desastres naturales en beneficio de los países integrantes de la CELAC, como el que fue desmantelado en México, en atención a sus instrucciones, el FONDEN, que antes de su eliminación contaba con alrededor de 17 mil millones de pesos. Como ha hecho falta para atender oportunamente los daños ocasionados por los recientes desastres naturales en varios estados del país.

Nuestro Presidente ha reconocido diferencias y convocado al diálogo en el marco de la CELAC, indispensable en la cultura de la paz y en la reparación de tejidos sociales. Pero hacia adentro, en nuestro país, quien disiente de su pensamiento y de sus ideas es descalificado, ofendido y amenazado. Los ciudadanos, en todas sus expresiones, exponen legítimos reclamos, protestas y propuestas sin que se les escuche. La palabra de los opositores del Mandatario no merecen su atención ni el diálogo. Parece sólo impulsarlo hacia afuera, aunque muy discutible, y cerrazón al interior.

Tristemente el inquilino de Palacio Nacional no muestra empatía con ningún sector de la población, ni con las instituciones, sólo consigo mismo y sus causas. 

El Presidente no debería preocuparse por el inexistente bloqueo a Cuba, pues en México urge superar los cotidianos, frecuentes y nocivos bloqueos a vías de ferrocarril, carreteras, vía pública y accesos a aeropuertos, entre otros, que a todos afectan directa e indirectamente. 

No parece conveniente acercamos a los gobiernos de países de los cuales sus propios ciudadanos quieren huir, como son Cuba, Nicaragua y Venezuela, que no pueden aportamos más que demagogia, populismo absolutista y antidemocracia.

Tampoco es recomendable descuidar nuestra relación con Estados Unidos pues nuestras exportaciones dependen de ellos en poco más de un 80 por ciento, además de que -al menos- 40 mil millones de dólares anuales son enviados por remesas a nuestro país.

La cultura de la paz permea poco en nuestro país, resultado de la polarización institucionalizada, que impide acuerdos entre sociedad y gobierno, que ha roto familias y sembrado la enemistad.

Unidos habremos de encontrar, entre las sombras y las cenizas del presente, las luces del futuro y de la paz.

*El autor es abogado y mediador profesional.

#MediaciónEnMéxico

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada

Lee más de este autor