Yo hago lo que tú no puedes, y tú haces lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas.                           

Madre Teresa de Calcuta

Se sabe que una orquesta puede estar integrada por los mejores de cada instrumento; cada uno puede ser un ejecutante maravilloso de una determinada partitura que tiene frente a sí. La cuestión es que para que la sinfonía de que se trate cobre belleza, armonía y tiempos, cadencia y sincronía entre todos los participantes y se cumpla con la partitura, son indispensables una batuta y un director al frente de la orquesta.

En anterior colaboración describimos y propusimos la orquestación como modelo de política pública, que se ejecutaría con diversas sinergias, ese modelo puede ser de utilidad en prácticamente todos los renglones de la vida nacional. Recordemos que sinergia significa que varias instituciones públicas, privadas o sociales, al sumar esfuerzos y actuar concertadamente, obtienen mejores y mayores resultados a los que logarían actuando por separado. 

Mucho nos convendría que el gobierno adoptara ese modelo, sobre todo ante las limitadas posibilidades presupuestales de recursos públicos y de personal altamente calificado, para la construcción de sinergias con otros actores que podrán facilitar la movilización de recursos de terceros en proyectos de infraestructura y de servicios en beneficio de la ciudadanía. 

Hemos visto que el actuar del Presidente es contrario al modelo que se propone, pues continúa menospreciando, denostando, descalificando, difamando y ofendiendo a integrantes de diversos sectores de la sociedad, particularmente a empresarios, la población civil y los integrantes de las clases medias, entre otros. 

Parece ignorar que es el burócrata civil de más alto rango y que está al servicio de todos los mexicanos, no al revés, y que no tiene derecho a excluir a nadie, como lo hace cotidianamente. 

Es preocupante su idea de crear una empresa militar para administrar las obras de infraestructura que impulsa su gobierno porque desconfía de la administración a cargo de civiles, así como considerar a la obra pública como asunto de seguridad nacional. Con ese criterio, resulta inexplicable que pretenda que el pueblo confíe en el inquilino de Palacio Nacional y de sus colaboradores que -por cierto- son civiles e integrantes de la clase media que tanto detesta.

Hasta hace pocos años nos habíamos librado del estatismo que hoy se pretende retomar que, además, se está pintando verde olivo; habíamos confirmado que el estado empresario es ineficiente; teníamos el andamiaje constitucional y legal para contar con poderes institucionales equilibrados entre sí mismos, así como la participación de órganos constitucionales autónomos, y el ejército ya no realizaba actividades civiles, excepto su extraordinaria participación en acciones de seguridad pública. También se había iniciado el impulso de la transformación energética aprovechando la luz del sol y el viento, elementos que abundan en nuestro territorio para producir energía solar y eólica, para uudisminuir el uso de energías sucias que contaminan nuestro entorno, al país y contribuyen al cambio climático. Ahora se ha propuesto el gobierno meter reversa en ese tema.

Como se sabe, toda crisis presenta nuevas oportunidades que, para aprovecharlas, hay que reconocerlas. Uno de los efectos de la pandemia del Covid 19 es que se han roto las cadenas de suministro a nivel global, lo que está obstaculizando actividades comerciales e industriales en todo el mundo. Esa situación es una oportunidad para México, particularmente aprovechando nuestros puertos en Tamaulipas y Michoacán, oportunidad que parece no haber sido detectada por la Secretaría de Economía. 

Mientras en otras latitudes se hacen esfuerzos para restaurar las cadenas de suministro, en México las autoridades permiten que se obstaculicen con bloqueos que realiza la CNTE en vías ferroviarias en Michoacán, las tomas de casetas en autopistas y bloqueos de carreteras, calles y accesos a los aeropuertos que nos aplican diversas organizaciones. 

Es momento de unirnos para retomar el camino del desarrollo y para ello, insistimos, conviene adoptar una política de orquestación como vía eficiente e incluyente. Sin embargo, para lograr orquestar acciones y recursos hay un requisito sine qua non que es el diálogo para hacer posible la negociación.

Es indispensable que, antes de que sea tarde, el gobierno aproveche la utilización del diálogo, que es uno de los pilares para actuar con visión de futuro y reconstruya los puentes de entendimiento y colaboración con todos los sectores de la sociedad.

Es importante tener presente que el gobierno de un país moderno no puede mirar para otro lado ante problemas sociales urgentes ni tampoco propiciar distractores para intentar ocultarlos. 

Los derechos deben ser reales y deben estar garantizados, porque si no es así, no son derechos. El primer derecho de todos es el derecho a tener derechos.

Insistimos en lo esencial que es darnos la oportunidad de una transformación cultural para que la solución a las controversias o conflictos se puedan encontrar con la participación directa de los involucrados y de esa forma se construya un mejor futuro.

Parece que cuesta mucho imaginar el futuro y especialmente las consecuencias de lo que se dice y se hace, lo que nos recuerda que vivimos en una sociedad en la que la creciente discordia está tan arraigada que un cambio parece poco viable.

La construcción de una cultura de la paz y de la concordia sólo es posible con un contagio positivo que generalice la práctica del diálogo en todos los ámbitos de interacción social. 

Entre más unidos estemos, seremos más fuertes, entre más divididos, más débiles. 

*El nautor es abogado y mediador profesional.

#MediaciónEnMéxico

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada

Lee más de este autor