El hombre más feliz es aquel que reconoce los méritos de los demás y se alegra del bien ajeno como si fuera propio.

Goethe

Entender y tener empatía son requisitos sine qua non para generar confianza. Con esos elementos es posible —además— propiciar la armonía que la vida nacional exige.

El nuevo Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) es un gran logro que abre de manera formal la oportunidad para promover la necesaria inversión en nuestro país.

El instrumento jurídico que es el T-MEC supone certeza a la inversión, lo que significa que el gobierno mexicano habrá de garantizar la seguridad en las inversiones que se realicen aquí.

Para la cabal ejecución del T-MEC en beneficio de México resulta indispensable entender que la inversión llegará no solamente promoviéndola en el discurso, los hechos harán la diferencia. Esa promoción sólo será posible asumiendo con realismo y responsabilidad que la confianza ha de restaurarse o construirse para ese importante propósito.

La honestidad es un valor moral fundamental para entablar relaciones interpersonales entre autoridades e inversionistas; entre empresarios y trabajadores, así como entre los países firmantes del T-MEC basadas en la confianza, la sinceridad y el respeto mutuo.

Existe la percepción fundada, confirmada por los resultados de una encuesta que dio a conocer en días pasados el Banco de México, de que este no es un buen momento para invertir aquí, sobre todo por las medidas desalentadoras como cambios de reglas a la inversión y cancelación de grandes proyectos. Revertir esa percepción es un enorme reto gubernamental, pues es indispensable recuperar o generar las condiciones de confianza, de empatía y de certeza

Para el gobierno de los Estados Unidos el T-MEC significa la oportunidad de reducir su déficit comercial con sus dos vecinos y evitar que plantas industriales emigren a nuestro país y de esa forma proteger a sus trabajadores; para el gobierno de Canadá, evitar cuotas a la importación de su aluminio a Estados Unidos y el respeto a la inversión para generar energía limpia en nuestro territorio, y para el gobierno de México, disminuir la desigualdad y reducir la pobreza protegiendo los derechos laborales.

Para los mexicanos significa la recuperación en la certeza jurídica en la inversión y, por tanto, la generación de fuentes de empleo y riqueza; la conservación, protección y mejora de nuestro medio ambiente, el control de contaminantes, así como para que puedan retomarse los proyectos de generación de energías limpias.

El T-MEC tiene previstas vías de entendimiento sobre solución de diferencias y se procurará llegar a un acuerdo sobre su interpretación y aplicación; las partes se han comprometido a realizar todos los esfuerzos para alcanzar soluciones satisfactorias sobre cualquier asunto que pudiera afectar su funcionamiento, y pueden acordar en cualquier momento la utilización de la mediación, entre otros mecanismos pacíficos para gestionar las controversias que se presenten.

También se prevé, de ser necesaria, la participación de paneles de solución de controversias. Se conserva el mecanismo de resolución de controversias Estado-Estado del TLCAN para la mayoría de las disputas derivadas del acuerdo, así como el mecanismo binacional de solución de controversias para revisar las disputas, entre otros.

Sin embargo, habrá de tenerse presente que un factor decisivo para superar el conflicto de que se trate será la confianza de las partes en los mecanismos pacíficos de solución de controversias y el apego a los rituales apropiados. En toda controversia, la parte reclamante podrá elegir el foro para gestionarla.

Para alcanzar las expectativas puestas en el nuevo T-MEC es precisa una política pública que, en el marco de la cultura de la paz, genere confianza y se caracterice por ser empática e incluyente.

Como hemos sostenido, la cultura de la paz requiere de un mayor y duradero contagio positivo en todos los ámbitos de la vida nacional. 

A lo largo de nuestras entregas hemos desarrollado temas sobre diversos aspectos de la mediación que, como se sabe, es una oportunidad que antes no existía de acceso a la justicia que a veces se percibe como algo lejano, difícil, costoso y distante para la gran mayoría de los ciudadanos y ahora más, en estos tiempos del Covid 19, en los que juzgados y tribunales han debido cerrar. Si se tiene un conflicto que no puede resolverse directamente con el otro, la idea de involucrarse en un juicio es muchas veces percibida como la de entrar en un laberinto lleno de peligros y riesgos desconocidos.

La confianza en el mediador, que es un requisito indispensable, puede alcanzarse por su formación, certificación y capacidad para desarrollar una buena relación con los mediados. Cubierto esto, la mediación será posible.

La construcción de una cultura de la paz y de la concordia sólo es viable con un contagio positivo que generalice la práctica del diálogo en todos los ámbitos de interacción social. Ello coadyuvará en que el deseo generalizado de que el T-MEC se traduzca en beneficios en favor de todos, particularmente de la clase trabajadora y de sus familias, así como de los demás factores de la producción, nacionales y extranjeros, sea posible.

Pascual Hernández Mergoldd es Abogado y mediador profesional.

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Twitter: @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada