La Copa MX se puso en marcha y la nota no la dieron los planteles plagados de suplentes. Penosamente el torneo tuvo una primera jornada lamentable, con canchas dignas de un llano, con estadios a los que inexplicablemente se les agotó al energía eléctrica, con malas decisiones de la Liga, Comisiarios y demás federativos que, con tal de no reprogramar un duelo, lo pusieron en marcha en un chapoteadero. De entrada la competencia que regresó tras 15 años de ausencia ha puesto en jaque a Decio de María, presidente de la Liga MX.

El primer campo en quedar en evidencia fue el Centenario, casa de los Pumas Morelos, ése mismo que provocó seis lesiones el fin de semana pasado y que terminó hecho un lodazal en el duelo en el que San Luis se impuso a los felinos.

Pero lo más grave vino por la noche, en Celaya, en el Miguel Alemán, casa de los Toros que fue azotada por una tromba que inundó la cancha y bancas, situación que había provocado que se postergara el partido para la mañana siguiente. Ya con dicha decisión oficializada por la Liga MX, aficionados ingresaron al terreno de juego y con cubeta en mano comenzaron a sacar el agua, en una escena cómica, que será difícil de olvidar.

Lo increíble vino después, cuando ambos equipos y los silbantes salieron de nuevo a la cancha y decidieron efectuar el partido dos horas después de lo programado, en un campo lleno de charcos, que de inmediato se transformó en un chiquero en el que fue imposible jugar la pelota y en donde los futbolistas caían unos tras otros, expuestos a una lesión.

Por si eso no fuera suficiente, en los duelos entre Altamira contra Atlas y Veracruz ante América, la luz hizo de las suyas y se tuvieron que detener por largos lapsos, cerrando con broche de oro la lamentable jornada inaugural de la Copa MX, torneo que de entrada parece estar destinado al fracaso por el poco interés de los clubes en el y por la calidad de algunas canchas de la Liga de Ascenso. Por ahora sólo resta esperar al lunes para conocer qué dirá Decio de María al respecto.