Contrastes. El mundo es un pañuelo, y hoy inician dos eventos que muestran a la perfección las dos diferentes caras de una misma moneda; el Salón Inmobiliario de Madrid (Sima) y la Reunión de Vivienda de la Convención de Gobernadores (Conago), que tendrá como sede la ciudad de Querétaro.

La edición 2010 del Sima será la más fiel fotografía de lo que actualmente pasa en España, que, dicho sea de paso, no es poca cosa si consideramos que no sólo está en duda la viabilidad del euro, sino la razón de ser de la misma Unión Europea.

Y no es poca cosa tampoco, el que la madre patria, que durante años nos apantalló con sus índices de crecimiento, hoy sea parte medular de un problema, ubicándose, en forma por demás despectiva, aunque certera, en el tristemente célebre club de los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España), formado por aquellos países cuyas economías tienen al borde del colapso a Europa.

Y sí, durante años España vivió la vida loca, llevando las deudas familiares y públicas a la estratósfera, lo que se vio reflejado en un mercado inmobiliario artificialmente pujante, en el que no importara que los precios se dispararan, siempre surgían nuevos compradores, respaldados por créditos que les permitían comprar casas, cuyos precios siempre estuvieron muy por encima de sus posibilidades.

Pero la fiesta terminó Y la cruda llegó

La edición 2010 del Sima ocupa apenas la tercera parte de los más de 100,000 metros cuadrados que llegó a tener en sus mejores años y los retos del mercado inmobiliario español, que van ligados a los de España y la comunidad europea en su conjunto, son poner nuevo piso al valor de las propiedades, evitar una catástrofe hipotecaria, recuperar la confianza y, sobre todo, volver a generar, redimensionar y reactivar el mercado.

En contraste, la Comisión de Vivienda de la Conago, que preside el queretano, José Calzada Rovirosa, busca generar mecanismos para democratizar la vivienda, dejando por un momento de lado a los grupos que ya son debidamente atendidos, para voltear a ver a aquellos que por su nivel de pobreza se mantienen al margen de los programas que se encuentran operando.

Es para destacar el hecho de que mientras en el Sima se encuentra una industria inmobiliaria despedazada y bajo condiciones muy poco favorables, en México la situación es totalmente diferente, con un sector vivienda en marcha, una economía que se dobló pero no se venció, sin burbujas inflacionarias, ni desastres hipotecarios.

Y atención, porque además de los eventos mencionados, en fechas próximas se llevarán a cabo en otras partes del mundo, otros igualmente relacionados con construcción y mercado inmobiliario: Recon (evento mundial de centros comerciales), en Las Vegas, EU; Expo Inmobiliaria, en Panamá, Panamá; el XXVII Congreso Interamericano de la Industria de la Construcción, en Santiago de Chile; Batimat, en Buenos Aires, Argentina, y el Congreso Colombiano de la Construcción, en Cartagena, Colombia.

El tema obligado es comparar cómo llega cada país a su evento, midiendo el potencial de sus industrias, pero también lo que en cada caso pueden representar como motor de desarrollo económico y, según el caso, social.

Si no estuviera la crisis europea de por medio, la comparación pudiera hacerse en función de los indicadores de población, Producto Interno Bruto (PIB) y rezago acumulado, en cuyo caso, México se ubica, medido en términos de población, en el lugar 11 a nivel mundial, y en el 51 en lo que respecta al PIB, mientras que España, Chile y Colombia, ocupan los lugares 29 y 25, 59 y 52, y 27 y 75, respectivamente.

España, y esto es interesante, y explica en cierta medida el porqué de su crisis, con una población de poco más de 40 millones de personas contaba con un sólido PIB, que le permitía que su parque habitacional fuera prácticamente igual al de México (26 millones de viviendas), cuya población se ubica ya muy cerca de 110 millones de habitantes.

Resumiendo, temporada de eventos igual a temporada de comparaciones.

En España el reto es combatir la cruda que provocó la fiesta, en México democratizar el acceso a la vivienda y hacer de este esfuerzo un motor de desarrollo económico.

Queda la bola en cancha de los gobernadores