Los movimientos por la lucha en contra de la violencia a las mujeres exigen, por parte de la prensa, una visión de género para la que, claramente los medios o la mayoría de ellos, no estamos bien preparados. La marcha de agosto nos dio varias muestras de esto.

El mundo está construido pensando en el hombre promedio; obviamente, el hombre promedio no es una mujer, por lo que esta construcción excluye a más de la mitad de la población. El ejemplo más claro de esta premisa, lo podemos ver en los baños, como lo explica, en su libro Mujeres Invisibles, Caroline Criado Pérez. Todas las personas hemos visto o padecido las eternas filas que se hacen para utilizar el baño de mujeres, lo que rara vez sucede en el de los hombres. Nos encanta justificar esto con explicaciones propias de nuestros prejuicios: las mujeres se tardan más porque van a platicar.

Caroline explica que, si se diseñan dos baños, se pensará en dos lugares del mismo tamaño para hombres y mujeres, además de que es probable que, al espacio de los hombres, le quepan unos cuantos mingitorios, por lo que duplicaría el número de lugares para hombres. Pero, además, la mujer es más probable que acompañe a niños u otros adultos al baño, o tarde más por necesidades exclusivas del sexo femenino. Nuestros prejuicios y nula visión de género abarrotan los baños de las mujeres, hacen que pocos baños para hombres tengan cambiador de pañales y afecten nuestra vida diaria en términos de convivencia, construcción social y hasta salud.

Los movimientos por la lucha en contra de la violencia a las mujeres exigen por parte de la prensa una visión de género para la que claramente los medios, o la mayoría de ellos, no estamos bien preparados.

La marcha de agosto nos dio varias muestras de esto. Las palabras utilizadas por algunos periodistas y medios de comunicación para calificar las manifestaciones hablaban más de sus sesgos que de la misma marcha. Así, las manifestantes fueron calificadas de desquiciadas. No hay sorpresas. Estudios que se dedican a investigar el lenguaje utilizado por los medios de comunicación en competencias deportivas para referirse a atletas hombres y mujeres lo demuestran: las mujeres son bonitas, guapas, sexis; los hombres son fuertes, valientes, capaces. La mujer ganadora tuvo: un excelente entrenador, un marido que la apoya. El hombre ganador tuvo: agallas y disciplina.

A eso hay que sumarle la complicidad del medio que transmitió los videos filtrados por la Procuraduría para exculpar a los policías y dejar entrever que la joven, cuya historia había dado pie a la marcha, había mentido. Esta forma de actuar se repitió en el caso de Karen, en el país en donde se asesinan a nueve mujeres al día, las “investigaciones periodísticas” encuentran videos del caso en donde la víctima no era víctima y estaba de fiesta. Que Karen se presente al espectáculo distractor de una historia que no es representativa de una emergencia real, no ayuda. ¿Pedir disculpas porque no le dijo la verdad a su mamá? ¿Ésas son las cosas que tenemos que estar discutiendo?

El movimiento no sólo no va a parar, va a crecer y lo celebro. Cuando lean los encabezados en los medios que les cuenten esas historias piensen que quienes escribieron esos textos crecieron en un mundo repleto de sesgos, y vuélvanlos a leer. Es probable que 70% de esos textos haya sido escrito por personas que no se tuvieron que formar para usar un baño.

Twitter: @PamCerdeira

Pamela Cerdeira

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana

Columna invitada

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana. Conduce el programa "A Todo Terreno" en MVS Radio. Ha escrito para diversas publicaciones y trabajado en distintos espacios en radio y televisión.