Existe el consenso en la sociedad mexicana de que el aparato de justicia en México es ineficiente y absurdo en su funcionamiento. Esta leyenda urbana ha sido fruto de una serie de fallas estructurales y de la década perdida en la que se dejaron al olvido las soluciones y se prefirió la crítica descarnada.

En los últimos meses, la filmación de un proceso contribuyó a que un sector de la sociedad prácticamente empalara en la plaza pública a todos los trabajadores y funcionarios del ámbito de la justicia.

Por otra parte, con gran habilidad y, sin duda, buena fe, un grupo de destacados juristas logró que permeara en la sociedad la figura de los juicios orales como la única solución viable y segura, así como la vía de acceso a la impartición de justicia equitativa, incorruptible, pronta y expedita. Llama la atención que algunos de los defensores a ultranza de los juicios orales no tienen experiencia práctica en el litigio y otros han utilizado las salidas oscuras del viejo sistema cuando les ha convenido, aunque en procesión invoquen la santidad y sean todos, eso sí, muy buenos para litigar en los medios.

Hay, sin embargo, excepciones y muchas, afortunadamente, de notables jurisconsultos que, conociendo los alcances reales de los juicios orales, beneficios y defectos, trabajan incansablemente por una correcta instrumentación de los mismos.

En nuestra opinión, la crisis de la justicia en México tuvo y tiene como causas entre otras, las siguientes:

1.- Un exceso bestial de carga de trabajo. En efecto, sólo en el Tribunal de Justicia del Distrito Federal se ventilan más asuntos que en cualquier otro tribunal del mundo.

2.- Falta de infraestructura adecuada. Las condiciones en las que trabajan los servidores públicos del sector justicia son, verdaderamente, inadecuadas y obsoletas. Obligar a un ser humano a que trabaje más de ocho horas en sillas desvencijadas con falta de luz y ventilación, sin respetar horarios de comida y sin un archivero en el cual guardar correctamente los expedientes es un atentado, por lo menos, a la dignidad humana.

Si no lo cree, vaya a darse una vuelta por cualquier juzgado de lo penal y observe durante un par de horas las condiciones en las que se trabaja en dichos recintos. También recomendamos a ciertos defensores de los juicios orales y críticos del sistema de justicia que litiguen durante un año en materia penal.

3.- Excesivo formalismo del procedimiento. Los procedimientos jurídicos mexicanos son excesivamente formalistas y debieron actualizarse hace por lo menos 10 años.

4.- Deficiente aplicación de las herramientas tecnológicas. Aunque lentamente, se está comenzando a utilizar la tecnología. Aún falta mucho por hacer, de hecho algunas audiencias y diligencias podrían desahogarse por videoconferencias o Internet.

5.- Deficiencia en la aplicación del gasto. El Poder Judicial Federal tiene asignado como presupuesto 42,582 millones 776,139.00 pesos, de los cuales 35,557 millones 372,822.00 se aplican al Consejo de la Judicatura Federal. Según algunas estimaciones, hay en todo el país alrededor de 700 juzgados y tribunales federales. Haga usted sus cuentas.

No hay sistema de justicia infalible. Los juicios orales tienen sus cualidades y defectos y pueden convertirse, mal aplicados, en una verdadera trampa para toda la sociedad mexicana. Ya por Internet circulan algunos videos de audiencias orales que parecen tomadas de una película de Cantinflas o de aquel viejo programa radiofónico conocido como La Tremenda Corte.

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