Muchos criticaron a Josefina Vázquez Mota por haber escogido una vía rápida para salir del rotundo fracaso que significó su candidatura a la Presidencia de la República.

¿Fue una indolencia irse de vacaciones con su familia y dejar a la cúpula del PAN en el enredo de limpiar los comicios? ¿Dejó colgados a los que participan en la Ola Civil, la red de organizaciones sociales que teje Rogelio Gómez-Hermosillo y que, de facto, es la cimiente de un nuevo partido político, de corte demócrata cristiano?

Muchos siguen sin entender su repliegue táctico, al salirse rápidamente del rol de candidata presidencial perdedora evidenció una de sus características más notables: su profundo pragmatismo. Y no les quedaba claro qué haría con el capital político que cosechó en los últimos meses.

Los ataques del calderonismo a Vázquez Mota hacen que se disipen las dudas. La debacle electoral del PAN -explican- fue producto de una campaña mal conducida, una publicidad efecto búmeran y una candidata incapaz de alinear su discurso a la obra de un gobierno que simultáneamente libra batallas contra todos sus enemigos.

El fracaso de Pina, concluyen, puede ser el fin del panismo tal y como lo conocemos actualmente, como si el partido y el calderonismo fueran la misma cosa. O peor aún, como si el grupo compacto que acompañó al presidente Calderón en tareas de gobierno mantuviera unidad y cohesión.

En las horas posteriores a la noche triste del 1 de julio, la cúpula panista pactó un periodo de tregua, que aseguró la permanencia de Gustavo Madero al frente del Comité Ejecutivo Nacional, por lo menos hasta el próximo 11 de agosto, cuando sesionará el Consejo Nacional.

A menos que fuera por renuncia, el remplazo del Senador chihuahuense está prácticamente descartado, pues cuenta con el respaldo -hasta ahora- de la mayoría de los consejeros nacionales. No obstante, bajo la bandera de una refundación partidista, Los Pinos nuevamente quiere interferir en las decisiones partidistas.

Más allá de una reconducción ideológica o de una definición ante el conflicto poselectoral, es una disputa por el control del partido que ha provoca un realineamiento de los grupos internos. El catalizador de esta reyerta ha sido la definición de los coordinadores de los grupos parlamentarios que, por dictado de sus estatutos, es competencia exclusiva del jefe nacional.

Como si Madero fuera inexistente, el exsecretario de Hacienda, Ernesto Cordero, emprendió un arduo trabajo de cabildeo para obtener el respaldo que lo lleve a conducir a los senadores panistas -que serán 30, de acuerdo con las cifras electorales-, lo que provocó la ira de quienes vieron en esas intenciones una nueva ofensiva del calderonismo y no una actitud de los corderistas, que busca despojar de la iniciativa legislativa al priísmo.

El poscalderonismo puede resultar traumático, pues algunos excolaboradores cercanos al presidente Calderón han decidido sumar fuerzas con los josefinistas para apuntalar a Madero en la jefatura nacional del partido y, de paso, también para cerrar el paso a Cordero, a quien ven como la cara visible de Los Pinos dentro del panismo.

Ese bloque se ha trazado el objetivo de llevar al exgobernador de Baja California, Ernesto Ruffo Appel, a la coordinación del Grupo Parlamentario del PAN en el Senado. Hay un tercero en discordia: el exsecretario de Gobierno de Sonora, Héctor Larios Santillán, a quien respaldarían los sectores más conservadores del panismo. Si Cordero no llegara a ser coordinador parlamentario, es el fin del calderonismo , expresan escépticos algunos cercanos al exsecretario de Hacienda, quienes observan con mayor preocupación que el revanchismo y la perfidia son los motores del realineamiento de fuerzas al interior del PAN.

Cordero, como la excandidata presidencial, está de vacaciones. En Portugal, para mayor precisión. Ambos volverán a enfrentarse, ahora por el control del partido. Sólo que Pina, ahora aliada con Madero y con algunos excolaboradores del Ejecutivo federal, tratará de catalizar el profundo sentimiento de revancha que dos sexenios de arrogancia, prepotencia y atropello del aparato panista incrustado en el gobierno federal generó entre las bases panistas.

Una condena a un estilo de hacer política que en su momento encarnaron Juan Camilo Mouriño, Patricia Flores Elizondo o Roberto Gil Zuarth. El denominador común, en todo caso, es que seguían al pie de la letra instrucciones dictadas por líder que ahora es repudiado. Ella no es la víctima, sino culpable de la derrota. No merece dirigir el partido , se quejan los aliados de Calderón, que cada vez son menos...

EFECTOS SECUNDARIOS

CONSENTIDO. De principio a fin, Tradeco ganó las licitaciones más importantes del sexenio. La Subsecretaría de Infraestructura, a cargo de Fausto Barajas, le otorgó la última gran obra: la segunda fase de la autopista La Pera-Cuautla. Los recursos (más de 1,500 millones de pesos para 13 kilómetros de longitud a cuatro carriles) provienen del Fondo Nacional de Infraestructura. Para la región oriente quedarán resueltas las necesidades más importantes de infraestructura. Para la empresa del guanajuatense Federico Martínez puede tornarse en su peor pesadilla, pues deberá entregar la obra en 18 meses a la próxima administración. Desde ya, hay rivales que se quejan de que su propuesta es insolvente.