Debido a la reforma constitucional del 2007, la contienda electoral ha tomado un paso somnoliento y anodino en el que los ciudadanos somos meros receptores pasivos de toda suerte de mensajes acartonados y sin contenido.

Hagamos el ejercicio de recordar las cinco principales propuestas de los candidatos a la Presidencia de la República y nos encontraremos con que no somos capaces, seguramente, de aclarar más de dos y eso si usted, amigo lector, pertenece a ese círculo privilegiado que invierte parte de su valioso tiempo siguiendo la contienda presidencial.

Por otra parte, se esperaba una parejera entre Josefina Vázquez Mota y Enrique Peña Nieto. Sin embargo, la candidata del PAN, después de un mal arranque, se ha venido desdibujando.

En efecto, Josefina, quien durante su trayectoria como funcionaria mostró una imagen clara y fuerte, aparece confundida y confusa en su mensaje electoral, su estrategia de campaña y su imagen personal.

Quizás su problema vaya más allá de un equipo de campaña ineficiente o de una errónea estrategia de medios que pueden encontrar una solución inmediata y reflejar pronto el cambio en la percepción pública de la candidata de Acción Nacional. Pero me temo que el problema de Josefina es mucho más complejo y no podrá solucionarlo en unas cuantas semanas.

En efecto, Josefina puede estar transmitiendo y reflejando elementos profundos de su personalidad en su actividad como aspirante a la Presidencia de la República. La confusión acerca de cuál debe ser su estilo de candidato, puede provenir de su propia incapacidad de aceptar sus características personales y aspirar a ser lo que por naturaleza no puede ser.

Esta confusión de su personalidad puede ser el origen y la explicación de la desorientación que impera en torno de su campaña.

Se esperaba mucho de Josefina, se le veía como una mujer de recia personalidad, eficiente y con una vida personal poco menos que inmaculada y todo esto es cierto, pero no son elementos suficientes para producir un candidato competitivo que nunca había estado expuesto a un liderazgo determinante y sujeto a la evaluación pública.

Quizá si Josefina se aceptara a sí misma tal y como es, transmitiría una autenticidad que la vincularía al pueblo y que terminaría por llevarla a la Presidencia de la República.

Juárez nunca desestimó ni trató de encubrir su origen social y étnico.

Porfirio Díaz, el valeroso soldado que salvó una y otra vez a la República, inició su decadencia el día que se quiso más francés que tuxtepecano.

Todo indica entonces que Peña Nieto ha iniciado la fuga en solitario hacia la Presidencia, gracias a una campaña diseñada y llevada a cabo con un cuidado milimétrico, y a que el presidente Calderón y su partido se confundieron en la preparación de su candidato a la Presidencia y también, por cierto, al gobierno de la ciudad de México, donde la cosa está peor aún.

Y no lo digo por mal.

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