México propuso a Jesús Seade como candidato para encabezar la Organización Mundial de Comercio (OMC), ante la dimisión adelantada del brasileño Roberto Azevêdo. Hasta ahora, sólo hay una contrincante: Corea del Sur nominó a Yoo Myung-hee, una mujer con muy buen perfil.

Sin dudar de los méritos académicos y profesionales del subsecretario, se ve complicado que su nominación triunfe. Para la contienda, el gobierno mexicano lo presenta como el artífice del T-MEC, lo cual no es cierto. Desde la campaña, se sumó al equipo negociador del gobierno anterior. Ya una vez como subsecretario, asumió la jefatura de la negociación. Pero sería injusto desestimar toda la arquitectura del tratado que le heredó el equipo de Ildefonso Guajardo y Kenneth Smith.

El cabildeo internacional necesario para lograr el apoyo de la mayoría de los 164 países miembro de la OMC es un asunto que se aborda desde la estrategia de la política exterior. En ese terreno, Seade tiene varios aspectos en su contra. El gobierno ha tenido un pobre desempeño en los círculos políticos y económicos internacionales a pesar de los intentos mitigatorios de Ebrard. López Obrador se ha negado a interactuar con otros jefes de estado. La única vez que participó en una reunión del G-20 fue recientemente en la cumbre virtual con una presencia para el olvido.

También en los diversos foros y organismos internacionales, así como ante muchos gobiernos, no es bien vista su infantil retórica contra el neoliberalismo, así como el pésimo manejo de la crisis del Covid-19. En otros escenarios, México ha tenido desempeños grises: en Davos, únicamente participó con la presencia de una subsecretaria. Recientemente, el papel de Rocío Nahle en la cumbre de la OPEP+ fue de una gran torpeza. Otra desventaja es la actitud sumisa con la cual México se ha alineado con Trump, pues es probable que en el 2021 ya no sea presidente. Su próxima visita a Washington es un desatino. Un único acierto internacional fue haber conseguido un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Finalmente, para apoyar su candidatura, pesa que dos organismos internacionales ya son presididos por mexicanos: Ángel Gurría en la OCDE y Alicia Bárcena en la Cepal.

Los retos para el futuro director general de la OMC son mayúsculos. En un entorno de recesión global, se anticipa una fuerte contracción del volumen de comercio mundial. La crisis agudizará lo que ya desde antes se venía gestando: una animadversión hacia el libre comercio, reviviendo una ola de proteccionismo comercial. En el mundo, la visión nacionalista para cerrar las economías frente a favorecer la apertura está ganando terreno. El discurso anticomercio enarbolado por Trump y sus ataques a la OMC son factores que aun un gobierno demócrata revertiría con cierta dificultad.

Las posibilidades de triunfo de Seade, si bien no imposibles, se antojan lejanas. Pero parece que el subsecretario ya compró su seguro: si su destino no es la OMC se dice que sería la embajada en China. No le vendría mal, ya que por muchos años radicó en Hong Kong desempeñando un cargo académico.