Hoy, 20 de enero, entra en vigor el pacto sobre las limitaciones del programa nuclear iraní, que se alcanzó en el acuerdo firmado en Ginebra, el pasado noviembre, entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, más Alemania, que es el inicio, después de 25 años, de un cambio en las relaciones entre Irán y la comunidad internacional.

El pacto está destinado a eliminar un foco de tensión permanente de las relaciones internacionales, que de manera particular afecta positivamente a todo Medio Oriente, y va a permitir que se levanten las sanciones económicas contra Irán, para que éste pueda hacer frente de mejor manera a la crisis económica que ahora vive.

Lo que implica el acuerdo es que Irán suspende el enriquecimiento de uranio por encima de 5%, inicia la eliminación del almacenamiento de uranio con esa característica y desmantela la infraestructura que hace posible ese proceso.

Así, queda claro que el desarrollo nuclear iraní no pretende fines bélicos, como siempre lo han sostenido.

El pacto tiene una vigencia de seis meses renovable una vez y en ese tiempo, en el marco de un año, debe obtenerse un acuerdo definitivo.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se ha convertido en el más importante promotor del acuerdo junto con el nuevo presidente de Irán, Hasán Rouhaní (65), que fue elegido en agosto del 2013.

En Israel y en el Congreso de Estados Unidos hay sectores, los más conservadores y los promotores de la guerra, que se oponen el pacto prospere. El presidente Obama, de manera decidida, advirtió el pasado 12 de enero que vetaría cualquier iniciativa que incorpore nuevas sanciones durante la negociación de acuerdo a largo plazo .

Si Irán cumple con el acuerdo, se suspenderán todas las sanciones económicas en su contra, las cuales representan, de acuerdo con el gobierno de Estados Unidos, unos 6,000 millones de dólares. Y se abre la puerta a la generación de recursos multimillonarios producto de la venta del petróleo y el gas, ahora limitados por las sanciones.

Los líderes religiosos y políticos de Irán saben que la política de confrontación no les produce nada y que el ceder en el programa nuclear tiene alta rentabilidad política y económica. Al país le urge incorporarse plenamente al comercio mundial para reactivar el conjunto de su economía y profundizar los programas sociales.

La decisión del gobierno del presidente Rouhaní, que cuenta con el apoyo del Líder Supremo, el ayatolá Alí Hoseiní Jamenei (74), implica responsabilidad y audacia.

Es el camino para relanzar la economía iraní y para hacer que ese país, en un horizonte de paz, juegue el papel que le corresponde en el Medio Oriente y en el mundo.

En el 2011, en un viaje de tres semanas por Irán, la antigua Persia, junto con mi esposa y una pareja de amigos, pudimos constatar la amabilidad de su gente, la gran riqueza cultura, sus enormes posibilidades y también, en conversaciones privadas, palpar el deseo de una buena parte de los iraníes de que su país se replanteara, entre otras cosas, sus relaciones con el mundo. Eso ahora empieza a suceder.

Twitter: @RubenAguilar