El problema de la crisis económica, exacerbada por la pandemia y los muchos pendientes en materia social que aún tiene este país, es que cuesta trabajo saber qué sectores e industrias deben ser beneficiados con recursos gubernamentales y privados. A bote pronto, la respuesta sería que el dinero se destinara a paliar las necesidades más básicas, aunque no haya recursos para reactivar la economía, pero esto no es una buena idea: el gasto de hoy debe redituar para el mañana, porque las necesidades en el futuro serán mayores.

Por ello es necesario que se analicen los problemas que están experimentando aquellas industrias  que pueden ser sustento en los próximos años, generar empleos de calidad, ofrecer al país inversión, transferencia de tecnología y posibilidad futura de exportaciones para obtener divisas.

De ahí que la situación de la industria aeronáutica y aeroespacial sea un punto fundamental en cualquier plan de reactivación. Llama la atención, por ejemplo, que haya sido necesaria la presión de la industria estadounidense, para que las autoridades mexicanas repensaran el estatus de este sector económico y lo situaran en el rango básico, ya que la relación con sus contrapartes en Estados Unidos y en el resto del mundo es indispensable. Así, desde el 1 de junio fue posible reiniciar actividades en la industria en todo el país, ya que es esencial para no interrumpir las cadenas productivas que son globales.

Sólo como ejemplo, las cadenas de suministro y producción tocan importantes segmentos, como las aeronaves y no sólo hablamos de las comerciales, sino, por ejemplo, de equipos para seguridad pública, vigilancia y acciones militares. Por ello, la reactivación de las actividades se circunscribió a ciertos rubros, sobre todo a aquellos componentes y partes críticas que permitieran que la cadena global se mantuviera funcionando, de forma que aunque sólo sea de forma limitada, se sigue operando.

Pero esta es la parte bonita de la historia. Del otro lado, la Federación Mexicana de la Industria Aeroespacial (FEMIA) ha comentado que la demanda en la industria del ramo en México se ha contraído entre 30 y 40%, y se estima que la recuperación de los niveles que se tenían el año pasado, sólo se alcanzarán hasta fines del 2021, si todo sale bien.

Esto dependerá de la recuperación de algunos programas de fabricación como el Boeing 777X y el 787, o bien del Airbus 350 que hoy mismo tienen una demanda escasa y ahora están por debajo del 50 o 40%. En el caso de las aeronaves regionales, la demanda se ha caído entre un 25 y 40% y todo esto pega directamente en los ingresos y desde luego, en la liquidez de las empresas, que es el punto más álgido.

La parte retadora es que se vislumbra una recomposición de los suministros, entre otras cosas como resultado de las tensiones con China y los reacomodos globales, por lo cual existe la oportunidad para México de captar inversiones para reubicar paquetes de trabajo de las empresas estadounidenses. Ojalá que se aproveche la oportunidad y que ahora que el Consejo Coordinador Empresarial está trabajando con Morena en una propuesta de reactivación, tomen en cuenta a este sector que puede ser la nueva industria punta que nos ayude a salir de la crisis. Ojalá.