En el contexto actual de desapalancamiento financiero y de bajo crecimiento económico a nivel mundial, los inversores más agresivos tienen tendencia a invertir en activos de elevado riesgo. ¿Para qué voy a invertir en un fondo de deuda pública americana, por ejemplo, si el rendimiento que me ofrece es prácticamente nulo? Este razonamiento tiene sentido y lógica.

Pero las estrategias más agresivas no son necesariamente las más rentables para el inversionista y muchas veces merece la pena centrase en estrategias de baja volatilidad. La historia, por lo menos, nos daría la razón.

En los últimos 50 años, las acciones de baja volatilidad se han comportado prácticamente igual de bien que las demás acciones, pero obviamente asumiendo un riesgo mucho más bajo, no sólo en el mercado americano, también en la mayoría de bolsas internacionales.

Incluso hay estudios que muestran que las estrategias de baja volatilidad (no sólo en renta variable, sino también en otros tipos de activos como la renta fija, las divisas y las materias primas) obtienen mejores rentabilidades ajustadas al riesgo.

¿CÓMO INVERTIR?

La pregunta que surge es cómo aplicar una estrategia de baja volatilidad. Y ahí el mundo de los ETFs (Exchange Traded Funds) nos aporta varias posibilidades.

Uno de los vehículos que más nos gusta para beneficiarse de una estrategia de baja volatilidad es el ETF llamado PowerShares S&P 500 Low Volatility (su ticker es SPLV), este instrumento cotiza en el mercado estadounidense y se distingue por tener una comisión de gestión de apenas 0.25% anual, que hace razón para participar.

No es el único ETF basado en una estrategia de baja volatilidad. Proveedores como iShares y Russell también tienen ETFs de estas características, pero PowerShares es el que, a nuestro juicio, está diseñado de forma más transparente y simple. Dos cualidades que apreciamos mucho en los ETFs.

Su estrategia es la siguiente. Cada trimestre, el fondo ordena los 500 valores del S&P 500 en función de la volatilidad alcanzada en los últimos 12 meses, elige los 100 valores de menor volatilidad y los pondera tomando como peso el inverso de su volatilidad.

Es una estrategia fácil de aplicar, aburrida dirían algunos especialistas, sobre todo en la medida en que los valores menos volátiles van a pesar más dentro del portafolio, pero que pensamos será rentable a largo plazo y de ahí deriva la recomendación.

* Fernando Luque es editor de Morningstar publica artículos en Inversión, Economía del ABC y el diario Negocio en España. [email protected]