Como si fuese un gran logro, el presidente Peña anunció en la reunión de Foro Económico Mundial, llevada a cabo en Davos, que hay un compromiso por parte de empresas extranjeras para invertir en México 7,000 millones de dólares. ¿Es mucho? Realmente no.

A pesar de que, con la apertura comercial iniciada en 1985 con la adhesión de México al GATT, la apertura unilateral de 1988 y la posterior entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y otros tratados subsecuentes sí se le dio un impulso a la inversión extranjera, ésta sigue siendo relativamente baja en comparación del PIB y también muy baja en comparación con la que reciben otros países. Quitando eventos muy particulares como fueron, por ejemplo, la adquisición de la Cervecería Modelo o la de los bancos , los flujos de inversión extranjera sólo han representado en promedio, durante los últimos 20 años, 2% del PIB. De acuerdo con el índice de Doing Business elaborado por el Banco Mundial, México se sitúa en el lugar 53 de 189 países.

¿Por qué es tan baja la Inversión Extranjera Directa (IED) en nuestro país, a pesar de la posición privilegiada que tiene México por ser el vecino de la economía más grande del mundo y con la cual, además, se tiene un Tratado de Libre Comercio?

Primero: la legislación laboral. Contratar trabajadores es muy caro porque despedirlos también es muy caro, mismo problema al que se enfrentan las empresas mexicanas y esto no cambió con la reforma que se le hizo a esta ley. Además, las contribuciones al sistema de seguridad social son, para efectos prácticos, un impuesto al empleo. Y a esto hay que agregar el relativamente bajo capital humano de la fuerza laboral mexicana.

Segundo: la excesiva e ineficiente regulación de los mercados, que deriva en una alta incidencia de corrupción y que, como consigné en mi artículo de la semana pasada, inhibe la inversión.

Tercero: la ineficiencia, parcialidad y corrupción de los poderes judiciales estatales cuando se trata de juicios de carácter mercantil. El que un juicio ejecutivo dure en promedio casi seis años también inhibe los flujos de inversión, tanto nacional como extranjera. Los inversionistas se enfrentan a una alta inseguridad jurídica del cumplimiento de contratos, por lo que la inversión es menor.

Cuarto: los muy elevados costos de la energía, tanto de electricidad como de gas natural. En electricidad, un esquema tarifario de subsidios cruzados, abaratando el consumo habitacional, deriva en que las empresas industriales y comerciales en México pagan las tarifas más altas de la OCDE. En gas, no haber explotado los grandes yacimientos ni haber invertido en gasoductos ha derivado en que las empresas paguen un precio cuatro veces más elevado que los que se pagan en Estados Unidos. Estos dos fenómenos hacen que México pierda atractivo para la inversión extranjera.

Quinto: la muy baja calidad y cantidad de infraestructura tanto carretera como aeroportuaria, ferroviaria y portuaria, además de los muy altos costos de las telecomunicaciones. Todo ello incrementa los costos, lo que inhibe la inversión.

Sexto: la inseguridad derivada del crimen organizado pero también de la enorme impunidad en la comisión de delitos que existe en México: 95% de los delitos del fuero común no es penalizado y ello desincentiva la inversión.

Que se registren 7,000 millones de dólares de IED es mejor que nada, pero no puede venderse como un gran logro.

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