Nadie puede minimizar la importancia que tiene la inversión en el desarrollo de un país, sobre todo si la misma se dirige a infraestructura de telecomunicaciones. Sin embargo, no se puede reducir la inversión a un simple sofisma: mientras más alto el monto de dinero invertido, mejor estará el país. Este acercamiento sólo muestra una cara de la verdad. Falta contextualizar los números: en qué se invierte, dónde se invierte, cuándo se invierte y para qué se invierte. Si en los próximos cinco años la inversión en telecomunicaciones aumenta anualmente en 100,000 millones pero toda esta inversión se dirige al DF, ¿cómo se benefician los habitantes de Mexicali, Guadalajara o Veracruz?

Los operadores de telecomunicaciones invierten en infraestructura principalmente en tres escenarios: expansión de cobertura, innovación tecnológica y mantenimiento de red. El primero de los casos es bastante claro, los operadores intentan incrementar su potencial de clientes entrando a nuevos mercados. O sea, para una empresa de telecomunicaciones este evento sirve de catalítico para la inversión. Por otro lado, hay que ser cuidadosos en este aspecto, pues si el objetivo del operador es expandir cobertura, la inversión disminuirá según la misma sea completada. Por ejemplo, el ente regulador neozelandés Commerce Commission indica que la caída en inversión en telecomunicaciones en el 2009/10 se debe a que el operador Telecom había completado el despliegue de su red UMTS.

La innovación tecnológica es ingrediente esencial para el crecimiento de la inversión. Cada vez que se precisa modernizar redes, los operadores incrementarán la inversión para desplegar nuevos equipos. Aquí es necesario diferenciar entre los tipos de infraestructura que se utilizan, pues las empresas con redes inalámbricas tienen ciclos de inversión mucho más cortos que aquellas que utilizan infraestructura cableada. Por último, los operadores invierten en mantenimiento para asegurarse que cualquier falla de la red sea atendida rápidamente.

¿Qué impulsa a la inversión? Se pueden mencionar cuatro ingredientes principales que estimulan la inversión: transparencia en el marco regulatorio del país, la presencia de competencia, la eliminación de medidas proteccionistas y la creación de alianzas oúblico-orivadas.

Desafortunadamente, la enorme cantidad de litigios relacionados a telecomunicaciones no sirve para proyectar transparencia de un sector urgido de una nueva normativa. Asimismo, restricciones a la inversión extranjera e impedir a los operadores lanzar nuevos servicios sirven para frenar la intensidad de la competencia. Finalmente, la inexistencia de iniciativas público-privadas reduce la posibilidad de inversión en zonas que en la actualidad carecen de infraestructura.

En México, el caso paradigmático sería el de Telmex, que al no contar con licencia de TV de paga no tiene incentivos para invertir agresivamente en modernizar su red cableada más allá de las zonas en las que enfrenta presión competitiva de otros proveedores de banda ancha. Asimismo, empresas como Movistar y Nextel ven coartada su posibilidad de incrementar la inversión en el país por la existencia de una anacrónica ley que pone límites al capital extranjero en servicios fijos. Los frenos a estas tres empresas podrían interpretarse como un subsidio a muchos de sus competidores en el mercado, ya que les exime de invertir grandes cantidades de dinero a corto plazo.

Un análisis de Signals Consulting muestra cómo el lento crecimiento de la inversión en Argentina se deriva de 10 años de atraso en otorgar nuevas concesiones de espectro y la prohibición de ofrecer IPTV a los operadores fijos. Las inversiones privadas se centran en lenta expansión de banda ancha fija y HSPA+, mientras que el gobierno invierte 5,000 millones anuales en Argentina Conectada.

Las alianzas público-privadas sirven para estimular la inversión y viabilizar proyectos de acceso universal a banda ancha. El caso emblemático de este tipo de proyectos lo presenta la Red Nacional de Banda Ancha de Australia, con un costo estimado de 503,000 millones, de los cuales el gobierno australiano estaría financiando 385,000 millones.

No obstante, la mayor parte de la inversión se observa en los años siguientes a la otorgación de nuevas licencias o el despliegue de nuevas tecnologías. Las inversiones en Chile incrementaron en el 2007/08 debido a la fuerte apuesta a IPTV y banda ancha por parte de los operadores fijos y el despliegue de UMTS por los tres principales operadores móviles del mercado.

Por último, el monto de inversión que hace una empresa depende de otras variables que para cada operador son distintas: tamaño de la empresa, economías de escala, tipo de tecnología, antigüedad de infraestructura en uso, estrategia de crecimiento, mercado objetivo, devaluaciones (Brasil 1999/2001) y topografía del terreno donde se desplegarán servicios. No es lo mismo remplazar toda la infraestructura que agregar un servicio a una red ya desplegada.

*El autor es presidente de Signals Consulting.